06 de diciembre de 2018
06.12.2018

El huevo de la serpiente

05.12.2018 | 23:56

¿Dónde estaba la ultraderecha? La presencia de doce diputados de Vox en el Parlamento andaluz ha provocado asombro, consternación y también miedo. Durante años en España no se percibía la presencia de un partido de ultraderecha, España otra vez era diferente, pero existía en pequeños grupos muy organizados y participaba activamente en partidos como el Popular. La experiencia indica que en todas las sociedades hay «huevos de la serpiente»; convendría volver a ver aquella película de Ingmar Bergman de 1977. Algunos dirigentes políticos tendrían que ir más al cine.

La crisis, la globalización, los cambios tecnológicos, sociedades a dos velocidades (ricos más ricos, pobres más pobres), la incapacidad de la sociedad y de los partidos democráticos de dar respuesta a estos desafíos. Las respuestas, para no ser demagógicas, son complejas, nada fácil de entender, pero la ultraderecha ha hecho de la post-verdad una política. Tanta irresponsabilidad llevó al Reino Unido a un callejón sin salida, y escribiendo sobre callejones sin salida el independentismo catalán se ha sumergido voluntariamente en una crisis muy lamentable, también víctima de la post-verdad.

En las elecciones en Andalucía del domingo pasado toda la izquierda de esta comunidad autónoma sufrió un verdadero descalabro. Y lo más importante no es que Vox ingrese, democráticamente, al Parlamento andaluz, partidos similares, «hermanos», hace tiempo que están presentes en instituciones de Alemania, Francia, Italia y de otros países. Lo significativo es que el socialismo andaluz llegó a pensar que siempre ganaría, ¿por qué?, y el otro partido de izquierda resulta sorprendente que dadas las circunstancias no se benefició. Lo de Vox es importante pero más es la derechización de la sociedad andaluza. Se habla de «cordón sanitario», de condenarlos al ostracismo, ni el saludo. Esa política no suele funcionar. Desde la ideología sí, las ideologías existen, se debe demostrar que su programa no es solidario, no es democrático y puede desembocar en tragedia. La ultraderecha siempre suena a un tren que va solo a una estación, van llenos y vuelven vacíos.

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