12 de agosto de 2018
12.08.2018

Un psicópata de libro

12.08.2018 | 00:59

Entiendan que esto lo escribe un profano. No me pondré ni un solo título -ni el bachiller elemental siquiera que era lo que se estilaba cuando yo iba al colegio-. No sea que, ahora que está de moda inspeccionar los másteres, me pillen en un renuncio como a Casado o a Sánchez y me arruinen la carrera política. Aún aspiro en la próxima legislatura a ser tránsfuga en el ayuntamiento o en la diputación –o en los dos sitios- y pasar a una jubilación de lujo y postín. ¡Cómo va a ser igual ir de comidas con marisco fresco, mantel de hilo y vino de marca -y que paguen otros- que andar localizando el menú del día con gambón argentino congelado como plato estrella! ¡Cómo va a ser igual ir de prohombre de la patria -con ordenanzas y tiralevitas- que arrastrar las chanclas por el mercadillo de Benalúa buscando ofertas de dos melones por uno!. Pues eso.


Andaba -en mi condición de parásito menesteroso- viendo la tele con los pies en la palangana y dándole meneos al abanico para no tener infartos a fin de mes por culpa de la hidroeléctrica.


Salta la noticia de que un tal Santiago Izquierdo Trancho -preso muy peligroso- se ha fugado en León. Le habían dado el traslado en autogobierno a un centro de régimen abierto y, saliendo de la cárcel, ha puesto pies en polvorosa. ¿Cómo autogobiernan a un tipo tan peligroso?


Deformación profesional porque la memoria es lo único que me funciona correctamente -todo lo demás, una piltrafa-. ¿De qué me suena este nombre? ¿De qué conozco a este tipo?... Psiquiátrico Penitenciario de Alicante. Septiembre de 1987. Módulo de psicópatas. Gran «pajarraca» el día 7. Dos internos secuestran a un funcionario y van a buscar a otro con el que habían tenido un encontronazo días antes. Izquierdo Trancho engancha a la víctima en su intento de huida y le asesta más de quince puñaladas con un pincho taleguero. Mortales de necesidad. Ni tiempo a pedir confesión -si es que quería- le dio al pobre Carmelo.


No me fío de la memoria por muy buena que digan que es. El alemán no perdona. Mi amigo Juan Ramón Gil me socorre con la hemeroteca de INFORMACIÓN: Ahí está el asesinato con pelos y señales.


En aquellos años -como cuando entré en el 77 en la vieja cárcel de Benalúa que ardieron mil y una prisiones en verano- las cárceles andaban manga por hombro y los presos -un grupo significativo- campaba a sus anchas e imponía su ley que era ninguna. Llegó A ntonio Asunción -un genio- y vio que los motines en El Puerto de Santa María, en Daroca, en Fontcalent, en Herrera, en Nanclares -con muertos, con secuestros, con heridos- eran protagonizados todos por los mismos elementos. Menos de cien presos estaban poniendo al Estado contra la pared, literalmente.


Entonces -principios de los noventa- Antonio inventó el régimen FIES que tantas quejas y tantos líos jurídicos ha generado y tantos problemas y vidas ha salvado. Los derechos humanos. Muchos en las cárceles hemos luchado por ellos, pero por los derechos de todos porque lo que no puede ser es escudarse en el rigor innecesario para que internos psicópatas, que no respetan nada ni se achantan ante ninguna norma de respeto al otro, hagan valer su fuerza, su agresividad y su altísima capacidad criminal ante los demás. No todos los internos de una cárcel tienen la misma capacidad de hacer daño.


Este Izquierdo Trancho -así etiquetado cuando fue trasladado al psiquiátrico alicantino- era un psicópata de libro. No nos metamos en el terreno de psicólogos pero cualquiera medianamente ilustrado sabe que un psicópata carece de capacidad de compasión, no sabe ponerse en el lugar del otro, no tiene sentimientos de culpa y necesita vehementemente excitación para satisfacer sus impulsos más primarios. El psicópata tiene a primera vista una «mascara de normalidad que es conde una personalidad anormal». No existe una causa clara y determinada de la psicopatía y no tiene tratamiento -decenas de veces oí a los psiquiatras negar tratamiento farmacológico a los psicópatas argumentando que tal tratamiento no existía-. En definitiva –y hasta donde yo sé- el psicópata no se cura. Lean, si dudan de lo que digo a Kurt Schneider, Cleckley, Gough, Herbert Quay o Robert Hare, que todos coinciden.


Me surgen las preguntas -no como profesional de esto, que ya no lo soy, sino como ciudadano parásito, desocupado e inútil-: ¿Qué informes y qué profesionales propiciaron el régimen de semilibertad aplicado a este individuo? ¿Qué argumentos científicos utilizaron? ¿Cuáles fueron los fundamentos en que basó su decisión el Juez de Vigilancia para darle ese grado que tiene su base en la capacidad para vivir en libertad?


Dice hoy la televisión que Santiago Trancho ha sido detenido por la policía cuando estaba escondido en una carbonera. Lo califican repetidamente como «uno de los presos más peligrosos de España con secuestros, motines, atracos y un asesinato». Si era tan peligroso, ¿qué hacía trasladándose en régimen de autogobierno a un centro abierto?¿Error en la valoración, irresponsabilidad, pasotismo,?? ¿Han descubierto las ciencias psiquiátricas-psicológicas-criminológicas algún tratamiento rehabilitador de la psicopatía que desconozco?

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