11 de agosto de 2018
11.08.2018

El Movimiento, de vuelta

11.08.2018 | 01:20

El Movimiento Nacional era el partido único en la época de la dictadura franquista. Era la sopa de letras donde Franco reunió a la Falange, a los tradicionalistas y a los juntistas de Onésimo Redondo (FET y de las JONS). Ahora, el padre del Movimiento se llama Steve Bannon, exconsejero del presidente norteamericano Donald Trump y su estratega en la campaña presidencial norteamericana, anti inmigratoria y especialmente anti islamista. Director de la página de noticias Breibart News y acusado de supremacista blanco. Su objetivo es unir en su fundación europea el Movimiento a todas las fuerzas populistas y de derecha radical europeas, coaligar a los grupos más nacionalistas y anti inmigratorios europeos para ganar en las próximas elecciones al Parlamento Europeo. «Somos una organización paraguas en la que podemos proporcionar orientación y educación, y ayudar a estos otros grupos políticos a hacer campaña», ha dicho uno de sus colaboradores. Y lo está haciendo. A la receta del ultraderechista estratega se ha apuntado ya el Reagrupamiento Nacional francés, de Le Pen, el UKIP británico, ha ayudado, y lo ven con simpatía la Liga Norte italiana de Matteo Salvini, el Fidesz del primer ministro húngaro Viktor Orbán; o VOX en España, con quienes ya se ha entrevistado. Y lo que se le puedan sumar hasta las elecciones del año que viene los correspondientes en Suecia, Austria, Holanda, Polonia, incluso el AlD alemán (Alternativa por Alemania).

El Movimiento de Bannon se basará en utilizar todo el argumentario contra inmigrantes, refugiados y minorías étnico religiosas. Y si Trump criticaba a la burocracia de Washington, estos ya dirigen su artillería contra la «burocracia» de Bruselas con el objetivo de paralizar la Comisión y la Unión Europea. El fracaso del Consejo del 28 y 29 de junio último sobre las migraciones es un aviso a navegantes de la debilidad del liderazgo de Merkel y Macron o de Tusk y Junker. Los nuevos partidos populistas, de extrema derecha, nacionalistas y con frecuencia anti europeístas crecen. El nazismo y el fascismo con que se califica a menudo a determinados movimientos o planteamientos teóricos lo definía hace poco mi colega Manuel Castells como «un sistema basado en la negación de los derechos humanos a ciertos humanos mediante la violencia del Estado. De un Estado que recibe su legitimidad precisamente de esa capacidad de trazar un círculo dentro del cual están los suyos y los otros fuera. ¿Qué otros? Depende de las circunstancias, pero lo importante es esa inclusión y exclusión que hace a alguna gente sentirse protegida y justifica la violencia con quién es, por ser otro, pasan a ser alienígenos, y por tanto todo vale para mantenerlos a raya pero la frontera es movediza» (Manuel Castells, La Vanguardia, 30 de junio de 2018).

Cuando Franco decretó su Movimiento la emprendió a sumarísimos con «vagos y maleantes», rojos y masones, y desafectos en general. Hitler hizo lo propio con los judíos, luego con los gitanos, los homosexuales y con los comunistas, y al final vendrán a por ti como relató Bertolt Brech. En América, Trump levanta muros, expulsa a hijos de irregulares nacidos y residentes en EE UU desde hace décadas; separa a niños de sus padres y los enjaula; prohíbe la entrada a procedentes de algunos países musulmanes. En Europa, el Brexit llevó aparejado actuaciones contra inmigrantes europeos residentes en las Islas; Salvini les llama «carne humana» y provoca el aumento de la violencia contra «los otros»; Orbán condena por ley a cárcel a quien ayude a inmigrantes o refugiados.

Y aquí tenemos al que se «equivoca», dice, al vicepresidente de la Diputación, Alejandro Morant lanzando sus twits xenófobos para ser más papista que su nuevo presidente, exigiendo «un plan de deportaciones masivas y cerrar las fronteras. Esto no es inmigración, es una invasión silenciosa que acabará con el mundo occidental convirtiéndolo al Islam». Lo que ha escrito el susodicho sería una ocurrencia más, pero toma su importancia como eco de las declaraciones de Pablo Casado, presidente del primer partido de la oposición y el de mayor número de diputados, plagadas de inexactitudes por decirlo suave. Y, sobre todo, en el contexto apadrinado por Bannon y por Trump, desde la trastienda.

El Movimiento es una traición a Europa, a la Unión Europea, y se le puede calificar de nazi y fascista, sin caer en tópicos, responden a la definición de Castells. Ni son ocurrencias ni son temas menores. Luego puede ser tarde, y quizá cuando vengan a por ti ya no quede nadie para protestar.

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