11 de agosto de 2018
11.08.2018

Lo confieso

11.08.2018 | 01:20

Lo confieso, llevo veinte años de paciente de un médico homeópata, el doctor Pastor, y utilizando la homeopatía como terapia habitual para mí y mi familia. Es más, pienso seguir haciéndolo hasta que me muera, salvo que las autoridades españolas, detentando su poder, me lo impidieran. De hecho, Bruselas ya ha expedientado a España por restringir la importación de homeopatía, permitida en la UE. La actual ministra de Sanidad va a la carga con una fiereza inusitada contra esta práctica y contra los medicamentos homeopáticos, para desazón de muchos usuarios convencidos, entre los que me incluyo. Me resulta incomprensible que hostiguen hoy a los médicos con amenazas de mala praxis, a los que desde los organismos competentes hace pocos años respaldaron con títulos oficiales para que pudieran ejercer las especialidades de homeopatía y naturopatía. ¿Estaban equivocados entonces o ahora? El propio Ministerio de Sanidad en 2011 reconocía las terapias naturales y decía que eran más inocuas que las convencionales, por lo general. Es obvio que cada producto ha de usarse para una dolencia determinada y que a cada enfermedad le va una terapia diferente. Los medicamentos alopáticos y los homeopáticos son complementarios, no excluyentes.

En casa empezamos con la homeopatía después de hartarnos de tantos antibióticos como se le prescribían a nuestro hijo mayor desde bebé, cada vez que tenía fiebre, que era frecuente. Sé que le ahorramos a nuestro hijo cantidad de antibióticos para que le puedan hacer efecto el día que realmente los necesite.

La homeopatía lleva más de doscientos años en uso y en muchos países de nuestro entorno se puede acceder a ella desde el propio sistema sanitario de la Seguridad Social, no es un invento de hoy y está más que probado clínicamente para multitud de dolencias.

También confieso que acudo a la consulta de Teo, un médico chino de medicina tradicional, a ponerme acupuntura; hace una semana tenía un ataque de ciática, que me desapareció de una sesión. ¿Pretenden convencer a 1.300.000 chinos que hay en España de que no usen la acupuntura? ¿Quieren prohibir el uso de la manzanilla común para el dolor de tripa, como hacían nuestros ancestros? ¿Van a obligarme a que me traiga el Poumon Histaminae 15 CH de estrangis desde Suiza? Sinceramente, espero que no lo hagan, pues sería un cruel e injustificado atentado contra la libertad personal, claro, que sería uno de tantos como padecemos sin duda en la actualidad. Cuando pretendemos ser más libres es cuando de menos libertad disponemos, porque papá Estado pretende arrogarse la prerrogativa de decidir qué es lo mejor para nosotros en aras a no sabemos bien qué objetivo.

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