10 de agosto de 2018
10.08.2018

La tormenta de nieve

10.08.2018 | 00:35

Elijo una cálida y tórrida tarde del mes de agosto para leer una novela corta de ese escritor considerado uno de los autores más distinguidos de la literatura mundial como es el ruso Leon Tolstoi, autor de obras tan excelentes como Guerra y Paz y Ana Karenina.

Pero es para esta sofocante sobremesa La tormenta de nieve mi obra elegida al reflejar la fascinación del escritor por la naturaleza y por los inmensos y abruptos paisajes de esa fascinante región, situada en la frontera entre Asia y Europa que es el Cáucaso.

Narrando la obra de carácter autobiográfico, el episodio de un hombre que en medio de condiciones climáticas de frío glacial adversas y extremas, emprende un viaje que le permitirá descubrir sus anhelos e inquietudes, así como su auténtica identidad.

Siendo un relato que permite al lector percibir el sabor de la nieve durante una difícil y helada marcha nocturna con trineos, cocheros y oscuridad, en una noche de fuerte y gélida tormenta que envuelve y aterroriza a los viajeros que se ven envueltos en una suerte de pesadilla que les hace sentir miedo y ansiedad. Respecto de lo cual, y con carácter general, cabe señalar que únicamente el temor al fracaso convierte los sueños en imposibles, pues el miedo es un mecanismo de defensa y protección de los hombres, y la acción de elegir vivir sin ellos permitirá no arrepentirse de no haber sido capaz de cumplir las ilusiones, dejando sin hacer aquello que se desea.

Para lo cual es esencial disfrutar del presente, pues al vivir preocupados por lo que ocurrirá en el futuro, el recelo se apodera de la mente, impidiendo disfrutar del instante actual en una actitud de paz y de plena consciencia, así como vencer los obstáculos que muchas veces creamos con nuestras inseguridades y resquemores, y que nos impiden avanzar hacia destinos y finalidades.

Para lo cual hay que ser valientes, reconociendo los riesgos y reflexionando acerca de sus consecuencias con determinación y prudencia, decisión y coraje, fuerza, arrojo e intrepidez, pues para ser valiente hay que reconocer el miedo ante situaciones, peligros o amenazas, y a pesar de ello tener el coraje de correr riesgos e intentar superar dificultades.

Y es que si no se afrontan los temores la decisión es sustituida por la cobardía, cuando aquella nos permite buscar soluciones y ser creativos, siguiendo adelante, minimizando y controlando los riesgos y peligros, y confiando en las propias capacidades y habilidades.

Que imagino seguro tendrá el protagonista de esa narración de personajes y situaciones extremas, nieve, trineos, cocheros, sueños, incertidumbres y miedos, en ese alucinante delirio de oscuridad y frío que precisamente en estas horas vespertinas de siesta, sofoco, calorina y canícula, se me antoja, ya ves, estaría encantada de compartir.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook