27 de julio de 2018
27.07.2018

American Beauty

27.07.2018 | 01:05

Kevin Spacey es un conocido actor estadounidense que interpreta en esa gran película de historias paralelas y contrapuestas titulada American Beauty, al típico hombre pasando por la denominada crisis de los cuarenta, cansado y aburrido de su mujer y de su trabajo, tedioso y hastiado de su anodina existencia, que piensa que su vida puede cambiar al conocer a una atractiva joven, amiga de su hija, que despierta en el ilusiones y anhelos, y a la cual intentará impresionar por todos los medios.


Dirigiendo el prestigioso realizador británico Sam Mendes, con talento y ritmo dramático, el filme por el que fue galardonado con el Óscar de 1999 al mejor director, presentando la historia de un matrimonio aparentemente feliz y asentado.


Una buena hija, un buen trabajo y una buena casa que esconden una existencia aburrida y vacía que muestra unos personajes indecisos, codiciosos e inhibidos, y es que las comodidades materiales muchas veces esconden los ideales éticos y justos que tendrían que inspirar la existencia de los seres humanos.


Y así, American Beauty muestra el recorrido existencial de un hombre que se encuentra completamente perdido de rumbo, y que considera haber encontrado en un determinado momento una finalidad a través de nuevas ilusiones.


Lo que recuerda que el propósito existencial es una de las grandes incógnitas del ser humano, y que para cada persona puede ser distinto, al tratarse de un sentimiento personal e intransferible, que lleva un proceso de reflexión sobre aquello que se considera esencial, y hacia donde se quiere ir.


Tratándose de asumir una responsabilidad para con nosotros mismos, pues al sentirnos convencidos de aquellos objetivos que nos motivan, seremos capaces de generar cambios que produzcan una vida más satisfactoria.


De modo que cada persona a través de su potencial y experiencias descubra la plenitud de cada instante, buscando gratificaciones y estímulos para luchar por todo aquello que desea, y sobre todo asumiendo una firme actitud de vivir la vida con toda conciencia e intensidad, trabajando con motivación, y con coraje para hacer frente a la adversidad.


Superando obstáculos y luchando por aquello que se desea en cada momento, hasta tener claros los propósitos en cada etapa de la vida, y con esfuerzo por encontrar una finalidad con la que alimentar la entereza, pues sabiendo que no podemos cambiar lo que ha ocurrido, si en cambio podemos modificar nuestra actitud de modo que sea más fuerte, positiva y esperanzada, ya que las pasiones, propósitos y deseos están en nuestro interior.


Y asumiendo nuestra responsabilidad personal y nuestra libertad para definir metas, podremos elegir en todo momento actuar con dignidad, valentía y decisión, en un proceso de crecimiento personal y de búsqueda de paz interior.


Que es el que parece iniciar el tipo que interpreta con acierto Kevin Spacey, reflejando la transformación del protagonista y las implicaciones que ello conlleva sobre el resto de personajes, en una producción brillante y entretenida, mordaz y cínica, cuyo visionado ofrece a cada espectador la oportunidad de extraer sugestivas reflexiones.


Una gran película, en definitiva, con excelentes actores y un magnífico director. American Beauty.

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