03 de julio de 2018
03.07.2018
Tribuna

El tiempo de los tipos cero se agota

03.07.2018 | 01:31

La política de tipos ceros y las medidas de estímulos monetarios se aproximan poco a poco a su fin. La semana pasada el Banco Central Europeo mantuvo los tipos en el mínimo histórico del 0% y anunció la reducción de compras de activos en 15.000 millones mensuales a partir de septiembre, aunque extendió las mismas hasta diciembre. A pesar de un discurso que continúa siendo muy conservador y cauto, del mismo se desprende que los tipos de interés pueden subir tras el verano de 2019.


El crecimiento y la creación de empleo que venimos observando en los últimos años todavía no se reflejan por completo en el mercado, debido a las incertidumbres políticas en Europa y la guerra comercial iniciada por Trump. El Euribor a 12 meses, tras marcar un mínimo en -0,20% a comienzos de año, ha iniciado un cambio de tendencia y está en -0,18% en estos momentos. El bono a 10 años alemán, más ligado a las expectativas de inflación y crecimiento, dio el primer susto en febrero alcanzando niveles cercanos al 0,80%. Estos niveles se han corregido de forma sustancial en las últimas semanas por las incertidumbres comentadas previamente, pero si éstas se despejan lo lógico sería volver a esos niveles o incluso al 1%.


Sin pretender ser alarmista, las empresas y particulares de nuestro entorno deberían comenzar a prepararse para un escenario de tipos superiores. En este sentido, el Banco de España publicó la semana pasada un estudio en el que se analizaba la sensibilidad de las rentas de las administraciones públicas, las sociedades no financieras y los hogares españoles, ante un aumento de los tipos de interés.


Una de las principales conclusiones es que la subida de tipos tendrá mayor impacto en el sector empresarial, ya que su financiación es principalmente a corto plazo y ligada a tipos variables. Un aumento de 100 puntos básicos en los tipos de interés a corto plazo supondría un incremento neto de la carga financiera de 1,4 puntos porcentuales. En el caso de las familias, el efecto se concentra principalmente también en el corto plazo y tipos variables (se tiene en cuenta tanto el efecto en los mayores costes de financiación como los mayores ingresos por unos depósitos más atractivos). El impacto neto en la renta bruta disponible sería de apenas 0,2 puntos básicos. Un efecto mucho menor al que se hubiera sufrido antes de la crisis gracias al fuerte proceso de desapalancamiento experimentado en los últimos años por parte del sector privado (alrededor del 20% menos para empresas no financieras y familias, frente a un aumento del endeudamiento de casi el 200% en el público).


La Comunitat Valenciana, a nivel público, es una de las más endeudadas pero dada la estructura de financiación de las administraciones públicas (a largo plazo y con tipos fijos) apenas notará estas subidas de tipos. Por otra parte, cerca del 70% de la actividad empresarial de la Comunidad proviene del sector servicios en el que el endeudamiento es bajo. Sin embargo, el industrial, con un peso del 17% en el PIB de la Comunidad y algo más del 10,50% sobre el conjunto del sector en España (sólo por detrás de Cataluña y Andalucía) sí que se verá más afectado; ya que por su naturaleza el recurso al endeudamiento es mucho mayor.


Por tanto, aunque partimos de una situación mucho mejor que la previa a la crisis, debemos asumir que el recorrido a la baja de los tipos de interés y de la carga financiera bruta se ha agotado y prepararnos para un entorno de mayores tipos de interés.

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