01 de junio de 2018
01.06.2018

¡Oh, capitán, mi capitán!

01.06.2018 | 01:00

El club de los poetas muertos viene a ser una de las películas más conocidas del director australiano Peter Weir, narrando una historia que transcurre a finales de los años cincuenta en la universidad estadounidense de Welton cuyos principios básicos eran la disciplina y la tradición aplicadas con rigor por todo el claustro de profesores.

E inaugurado el curso, un nuevo profesor, interpretado de un modo magistral por Robin Williams, pretende emplear métodos menos convencionales para educar a sus alumnos ayudándoles a descubrir que pueden darle un carácter más intenso y maravilloso a sus vidas. Transmitiéndoles la importancia de aprender a vivir el momento y de luchar por la búsqueda de los sueños por cumplir, invitándoles a pensar por ellos mismos y a no dar por bueno lo impuesto o establecido.

Y es que para alcanzar sueños, deseos y proyectos es necesario trabajar en ello para conseguir los propósitos, lo cual no significa que el éxito esté asegurado, pero sí implica tener la certeza de luchar por aquello que se quiere conseguir, y por donde hay que empezar, así como cuales son las propias limitaciones.

Y una vez con respuesta a esas preguntas, resultará posible elaborar un plan de actuación, marcando pautas de comportamiento, empezando por pequeñas metas y a corto plazo, cambiando quizá pequeños detalles y planificando cómo será aquello a que nos vamos a enfrentar, sin temor al fracaso, y esforzándonos con ilusión para conseguir las metas.

Siendo reglas para obtener un sueño y convertirlo en realidad poner el esfuerzo necesario sin rendirse, de manera que nunca el esfuerzo realizado haya sido en vano, sin poner excusas ni olvidar quién eres, para actuar de modo coherente sin desviarte de tu identidad.

Asumiendo riesgos, fijando intenciones realistas y organizando los planes para la consecución del destino, con actitud positiva, y con confianza y determinación, pues poco a poco llegarás a donde quieras, sin olvidar que tu sueño está esperando, y que todos los sacrificios y desvelos tendrán su esperada recompensa.

Como sería aprovechar las lecciones de esa gran película titulada El club de los poetas muertos, como la del conocimiento consciente de vivir el presente con toda intensidad, con la idea clara de que el día de hoy no se volverá a repetir, aprovechando cada instante, y recordando el bello poema que habla de tomar las rosas mientras puedas, y que veloz el tiempo vuela, pues la misma flor que hoy admiras, mañana estará muerta.

O como la de ser el dueño de tu vida, sin resignarte, siendo quien quieres ser, eligiendo el camino correcto. Recitando como Robin Williams el poema de Walt Whitman en homenaje a Lincoln.

Con la mirada firme, con la cabeza erguida. ¡Oh, capitán, mi capitán!

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