27 de mayo de 2018
27.05.2018

Pavón y los gorriones

Las personas que murieron a causa de estas hambrunas se sitúan entre los 20 y los 40 millones de chinos, dependiendo de las fuentes, lo que da idea de la gravedad de la situación que atravesaba el país

27.05.2018 | 11:38
Pavón y los gorriones

La historia del dogmatismo está repleta de ejemplos delirantes que demuestran cómo la estupidez humana puede alimentar decisiones aberrantes. Corría el año 1958, cuando en China, Mao Zedong y el Partido Comunista impulsaban una campaña de cambios económicos y sociales que recibió el pomposo nombre de «Gran salto adelante». Mediante un proceso de colectivización, se implantaron comunas en las que tenían que trabajar forzosamente todos los campesinos, teniendo que cumplir con unas cifras de cosechas y producción de alimentos para entregar a las autoridades que difícilmente se podían alcanzar, extendiendo el hambre y la mortandad. Las personas que murieron a causa de estas hambrunas se sitúan entre los 20 y los 40 millones de chinos, dependiendo de las fuentes, lo que da idea de la gravedad de la situación que atravesaba el país.

Lejos de comprender que el sistema comunal de producción no funcionaba y que el volumen de alimentos que los campesinos tenían que entregar a las autoridades comunistas era tan abusivo que condenaba al hambre y a la muerte a muchos, los dirigentes comunistas y el propio Mao impulsaron una campaña para erradicar lo que llamaron «las cuatro plagas», causantes según ellos de la pobreza del campesinado: los mosquitos, las moscas, las ratas y los gorriones. Con toda la soberbia autoritaria que tenía el sanguinario régimen comunista de entonces en China, Mao salió a defender el exterminio de estas cuatro plagas, pero especialmente de los gorriones. En una sociedad atemorizada, dominada por el terror hacia los gobernantes, todo el mundo aceptó las explicaciones que dieron los dirigentes comunistas para matar, por lo menos, a un millón de gorriones en China, a los que culpaban de comerse las cosechas y, con ello, la comida de los campesinos, llegando incluso a acusarles de ser los causantes de que murieran de hambre.

El propio Mao declaró a los gorriones como «enemigos de la revolución», llegando a afirmar que como cada uno comía unos 4,5 kilos de grano al año, exterminando a un millón de gorriones se podrían alimentar a unas 60.000 personas más. Y de esta forma, todo el país se lanzó a una gigantesca operación de aniquilación de estos pajarillos. Pero con rapidez se pudo comprobar el daño devastador que una decisión tan surrealista tuvo para el país, ya que de inmediato aumentó la presencia de insectos dañinos que acabaron con las cosechas al no estar controlados por los gorriones, que se alimentaban de ellos. Así, se vivió una plaga de langosta que arrasó los cultivos y trajo otra gran hambruna a China durante un período de tres años, causante de la muerte de otros tres millones de personas.

En 1960, la magnitud de la catástrofe por la campaña promovida por Mao para exterminar a millones de gorriones le llevó a decir en público: «Olvidadlos»; dando así por terminada la operación de exterminio. Al mismo tiempo, y de forma secreta, se importaron de la Unión Soviética unos 200.000 gorriones con los que tratar de recuperar la especie, algo que aún hoy en día no se ha conseguido.

Naturalmente que ni Alicante es China, ni Miguel Ángel Pavón es Mao, ni mucho menos. Muy al contrario, de sobra es conocido el amor extremo de Pavón por los pájaros, hasta el punto que muchos han llegado a cuestionar su ilimitada preocupación por las aves. De hecho, en la última asamblea de Guanyar en la que el concejal Víctor Domínguez anunciaba su dimisión como concejal, el líder local de EU afeó a Pavón que en plena crisis interna de Guanyar, éste difundiera una nota de prensa pidiendo «evitar interrumpir el ciclo reproductivo de especies como la focha común, la gallineta común, el ánade azulón o el zampullín común» en Alicante, una preocupación encomiable, pero muy alejada de esa prioridad por la emergencia social, la pobreza y la desigualdad que Guanyar dice defender.

Para muchos, Pavón ha sido la gran decepción de esta corporación, sin acabar de comprender sus atribuladas decisiones y su ensimismamiento. Aunque posiblemente no haya decepción alguna porque, en realidad, Miguel Ángel es tal y como se muestra ahora, llevando años parapetado tras la lucha contra la corrupción como única bandera. Sin embargo, cuando le ha tocado gestionar, construir propuestas, consensuar decisiones a favor del futuro de la ciudad, al tiempo que cohesionar y coordinar a su equipo de concejales, es cuando ha demostrado su verdadera naturaleza: una vacuidad dominada por un dogmatismo desmedido que no ha parado de alimentar conflictos. Para colmo, lejos de rodearse de personas con criterio y sensatez, se ha puesto en manos de pirómanos que utilizando recursos públicos no dejan de encender hogueras y alimentar enfrentamientos, incluso con sus propios compañeros de formación.

El mismo Pavón que propuso en septiembre de 2017 como solución a los problemas de suciedad de la ciudad que la adjudicataria renunciara a una parte de su beneficio empresarial, quien solicitó el máximo sueldo posible para todos sus concejales de Guanyar inmediatamente después de pasar a la oposición, ha cosechado una clamorosa minoría en el grupo municipal del que ejerce como portavoz, sin que en ningún momento se plantee si sus políticas dogmáticas promueven el desastre, al igual que Mao hizo con los gorriones.

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