18 de mayo de 2018
18.05.2018
Tribuna

Un compromiso con las comunidades de regantes desde 1924

18.05.2018 | 04:15

En 1924 la Federación de Sindicatos Agrícolas Católicos, hoy Caja Rural Central, junto con la Compañía de Riegos de Levante y el impulso del Obispado de Orihuela, inició la que sería la obra más importante de la provincia de Alicante: convertir unas 25.000 hectáreas de tierras de secano en regadío mediante elevación de aguas sobrantes en la desembocadura del río Segura, en la población de Guardamar, y su posterior distribución a través de una red de canales con una extensión de unos 230 kilómetros, afectando a unos 12 municipios de la provincia de Alicante.

El importe de dichas obras fue de unos cinco millones de pesetas y se financió con la puesta en circulación de tres emisiones de títulos, de valor nominal de 500 pesetas, con la garantía de los regantes asociados, el propio proyecto con la gestión de la Compañía de Riegos de Levante y la garantía subsidiaria de Caja Rural Central. De esta manera el proyecto salió adelante generando una gran riqueza en nuestra provincia, y especialmente en los municipios implicados.

También de gran importancia fueron las gestiones realizadas por la Federación de Sindicatos Agrícolas Católicos, hoy Caja Rural Central, ante el Ministerio de Fomento, y especialmente ante el Ministro de aquel momento, el Conde de Guadalhorce, para impulsar el pantano de la Fuensanta en la Región de Murcia, y que fue aprobado en el año 1926.

El modelo de las CCRR es conocido como el de banca local o de proximidad y desarrolla una triple vertiente: la financiera, la social y la cultural. Es, por tanto, un modelo totalmente infiltrado en la sociedad. El modelo de gestión de estas entidades mantiene su fidelidad a los principios básicos de la banca tradicional minoritaria, manteniendo los equilibrios entre inversión y recursos captados y su capitalización viene dada, fundamentalmente, por la generación de reservas.

Su profunda relación con las comunidades locales, tejido empresarial e instituciones; el conocimiento de las actividades locales; la cercanía a las personas de modo sencillo y transparente; la identidad regional; el conocimiento del mercado doméstico así como su sensibilidad hacía los asuntos sociales y culturales han construido vínculos de larga duración con nuestros territorios que, sumados a las nuevas tecnologías que aportamos a nuestros socios y clientes así como la batalla que llevamos para evitar la exclusión financiera, hace que las cajas rurales en general, y más concretamente Caja Rural Central, sean de las más valoradas y de las que mayor confianza generan en la sociedad.

Este hecho diferencial de banca de proximidad se sustenta en un modelo de banca federada que nos permite salvaguardar la autonomía de las cajas rurales que pertenecemos al Grupo Caja Rural sin tener que renunciar al requisito indispensable de operatividad bancaria y eficiencia empresarial, superando las limitaciones que en cada entidad pueda generar su dimensión individual y el ámbito geográfico de su actividad.
El sistema de banca del Grupo Caja Rural se caracteriza por su descentralización operativa y por la aplicación del principio de subsidiaridad a través de la constitución de un MIP – Mecanismo Institucional de Protección – basado en un SIP normativo, desarrollado sobre la base del criterio de independencia jurídica y decisión de cada miembro.

El modelo actual, por no salir de los conceptos de gestión básicos y estar basado en unos principios de prudencia y equilibrio financiero compite en el sector financiero, y así lo demuestran los hechos con entidades del Grupo Caja Rural con más de cien años de vida, y otras a punto de cumplirlos, sin que el tamaño sea un obstáculo porque a través de las sociedades participadas – Banco Cooperativo Español, Rural Grupo Asegurador y Rural Servicios Informáticos – obtenemos las economías de escala necesarias para ser competitivos y poder abordar con los recursos humanos y económicos suficientes los retos actuales del sector financiero así como el tsunami regulatorio de los últimos años.
El modelo del Grupo Caja Rural ha demostrado que para ser eficientes y aportar valor al mercado no es significativo ni el modelo societario ni el tamaño sino el modelo de negocio y de gestión y con tal fin no podía faltar nuestro compromiso con la Federación Nacional de Comunidades de Regantes (FENACORE), con la que nos une una larga relación de colaboración mutua, de hace ya bastantes años. De esta forma, además de la estrecha relación que cada Caja Rural mantiene con las comunidades de regantes de su zona, tenemos suscrito desde marzo de 2016 un acuerdo de colaboración con FENACORE, poniendo a disposición de las Comunidades de regantes y sus socios todos los productos y servicios que necesitan para llevar a cabo sus actividades.

Nuestra proximidad con el mercado del territorio en el que actuamos es nuestra mayor riqueza y nuestra mayor diferenciación. Somos vitales en los territorios en los que estamos y desempeñamos un papel que otros agentes del sector financiero no quieren, no pueden o no saben hacer y debemos velar para que esto no se pierda. La capilaridad que aportamos al sector financiero genera un gran valor a la sociedad y a los más necesitados del tejido productivo en los pueblos principalmente de la geografía española, ocupándonos sobre todo de la economía social evitando, como ya hemos dicho, la exclusión financiera.

Ponencia presentada en el XIV Congreso Nacional de Regantes en el Auditorio Internacional de Torrevieja

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