14 de mayo de 2018
14.05.2018
Echar la piedra

Pedro Escalante

14.05.2018 | 01:25
Pedro Escalante

Supongo que al lector no le sonará de nada este nombre. Un soldado ilicitano llamado Pedro Escalante Botella murió en Santiago de Cuba en 1895 por la entonces llamada enfermedad del vómito (fiebre amarilla). Un descendiente de este soldado, Pedro Escalante Coves, fue uno de los 33 fusilados ilicitanos en la posguerra (7 en Elche y 26 en Alicante). La fotografía que acompaña a este artículo es la única que su familia conservaba. Un hilador que trabajó en la fábrica de Ferrández, la más conflictiva en los años de la Segunda República. Su escolarización debió ser la habitual entre las familias trabajadoras en la segunda y tercera década del siglo XX. Dos o tres años de escuela en el mejor de los casos y a trabajar desde los 10 años o poco más. El expediente conservado en el Archivo Histórico de la Defensa de Madrid y abierto hace muy pocos años gracias a la Ley de Memoria Histórica nos permite conocer detalles de su procesamiento. Pedro Escalante Coves fue condenado a muerte en consejo de guerra celebrado en Elche el 13 de septiembre de 1939 por un tribunal militar formado por un coronel y cuatro capitanes. En una declaración indagatoria que tuvo lugar el 28 de julio de ese año, el procesado declaró lo siguiente:


«Que pertenecía al Partido Comunista desde el año 1931. Que dentro de dicho partido el año 1934 durante dos meses desempeñó el cargo de Secretario de la Sección de agitación y propaganda, y en el año 1937 el de Secretario de la Sección agraria. Que dentro del Partido Comunista había un delegado de orden público, que con los de las demás organizaciones del Frente Popular, formaban un Comité de Orden Público o Salud Pública. Este cargo era desempeñado por José Ruiz (a) Mangraneta. Que está enterado de que a la mayoría de las personas detenidas por elementos del Partido Comunista, eran llevados al local del partido, y allí eran encerrados, y se les recibía declaración, siendo muchos de ellos sacados para ser asesinados en las carreteras probablemente por orden del encargado de orden público Antonio Ruiz (sic), que los encargados de aplicar las penas de muerte que imponía el partido comunista, eran José Asencio «Chato de Areli», Emeterio Marco, y Emilio Gomarís.


Que a principios del Movimiento, una noche, le obligaron a subir en un coche, que llevaban a un detenido a quien no conocía. Le llevaron hacia Rojales, y cerca de este pueblo lo mataron. El que le obligó a subir en el coche fue el Chato de Areli y otros, que le decían que si no lo hacía era un cobarde. Fueron en el automóvil, además del asesinado, el Chato del Areli, dos forasteros a quienes no conocía, y el que habla. Según manifesta el asesinato lo cometieron el Chato y uno de los forasteros a quienes no conocía. Le dieron un tiro en el cuerpo que le hizo caer y luego lo remataron.


Añade que ingresó en el ejército voluntariamente días antes de movilizar su quinta, con el objeto de situarse. No adquirió graduación. No fue delegado de compañía, aunque a veces por habérselo dicho su jefe, dirijió (sic) la palabra a los soldados».


El haber sido testigo de un asesinato le costó la vida. Pero su declaración pensamos que es absolutamente verosímil. El PCE tuvo un papel esencial en los 60 «paseos» que tuvieron lugar en la ciudad entre agosto y noviembre de 1936 y fueron muy pocos los ejecutores, quienes se dedicaron a matar una y otra vez, siempre por encargo del partido y de su cabeza visible. Denunció además a personas que habían conseguido salir de España y pagó sobre todo por haber sido miembro de la Gestora Municipal y del Consejo Municipal como responsable de Plazas y Mercados y, posteriormente, de Festividades y Espectáculos.


El tribunal militar que le condenó a muerte en los resultandos detalló el asunto de Rojales en estos términos: «(?) en uno de los primeros días de la etapa roja en unión de otros que algunos no han aparecido y otros ya han sido juzgados salieron en automóvil con dirección a Rojales y cerca de este pueblo mataron al detenido, cuyas circunstancias se desconocen hasta el presente». Circunstancias desconocidas, pues, pero, pese a ello, condenado a muerte. Pedro Escalante estuvo en «El Tubo», el espacio reservado en el Reformatorio de Adultos de Alicante para los condenados a muerte, desde el 13 de septiembre de 1939 hasta el 15 de noviembre de ese mismo año, cuando fue fusilado. Tenía entonces 32 años. Su carta de despedida se puede leer en la web de la Cátedra Pedro Ibarra de la UMH, www.elche.me. Familiares de Pedro padecieron también la represión franquista. Sus hermanas Antonia y Carmen fueron condenadas a tres años de prisión menor por «haber vestido de milicianas».

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