09 de abril de 2018
09.04.2018
Tribuna

Comulgar de San Vicente, Tradición Eucarística de Callosa de Segura

09.04.2018 | 04:15

Callosa de Segura puede presumir de mantener activas muchas de sus tradiciones, sobre todo, las que tienen un fervor popular siendo manifestaciones de la religiosidad callosina y perviviendo a lo largo de muchos años. Así tenemos, entre las más enraizadas, la procesión del Comulgar de San Vicente, realizada cada lunes siguiente al de Pascua, conocido como Día de San Vicente.

Dicho día, reconocido como Fiesta Local desde que se acordó por primera vez el 6 de abril de 1953 por el Ayuntamiento de la Ciudad, «porque interesa dada la costumbre y tradición» y «de acuerdo con la autoridad eclesiástica a dicho efecto... ya que en realidad dicho día se hace festivo por todos, con muy raras excepciones y es conveniente que no desaparezca», aprobada por unanimidad de la Comisión Permanente y, estableciendo desde el 14 de diciembre de ese mismo año, como Fiestas Locales de Callosa de Segura, la festividad de San Vicente y de San Roque.

Sabemos que San Vicente Ferrer permaneció en Orihuela desde finales del año 1410 hasta los primeros días del año siguiente, por tanto, no es raro que este predicador y el numeroso séquito que le acompañaba, lo hiciera en Callosa. Antonio Ballester Ruiz, mi antecesor, nos aporta al respecto el siguiente dato consultando a Montesinos: «€ San Vicente Ferrer, gloria imarcesible de la Iglesia valentina y de la Orden de Santo Domingo, predicó en San Martín el año 1411 por encargo del Obispo don Pablo Burguete de Santa María, de familia judía conversa», creándose en Callosa la Cofradía de la Vera Sangre, de inspiración clara de este Santo.

La tradición consiste en llevar la comunión a los enfermos, que en el caso de Callosa de Segura, se trasladaba la Sagrada Forma al Hospital Municipal. Primero la procesión Eucarística se realizaba al Antiguo Hospital ubicado junto a la Ermita de Ntra. Sra. de los Dolores, en la conocida y en su tiempo denominada «Calle del Hospital».

Más tarde, con la desamortización de Mendizábal en 1835, las dependencias del Convento Alcantarino quedaron abandonadas y su edificio, a excepción de la Iglesia que quedó administrada por la Parroquia, quedaron para uso del Ayuntamiento que a lo largo del siglo ocupó en parte, con el nuevo Hospital Municipal, cuya atención se vería completada con la llegada de la comunidad de las Hermanas Carmelitas Descalzas en 1885 que ejercían, además de la labor docente, la sanitaria y humanitaria para los enfermos allí ingresados. Así pues, desde el siglo XIX, se trasladaba la procesión desde la Arciprestal de San Martín hasta el Hospital, donde era recibido por la Corporación Municipal y acompañaba al Sacerdote en la administración de la Comunión a los enfermos cerrando el Cortejo en su regreso.

Dicho hospital funcionó hasta el inicio de la década de los setenta del pasado siglo, aun así, se ha seguido manteniendo la tradición de trasladar en procesión al Convento, donde sigue recibiendo el Ayuntamiento a S.D.M. en el Jardín Glorieta, formando parte del cortejo hasta la Plaza Padre Palau y Quer, antigua Plaza del Compás, para una vez administrada la comunión a los enfermos que allí se han acercado y tras la bendición, regresar a la Iglesia de San Martín, distribuyendo la comunión a cuantos enfermos tienen su domicilio en el recorrido.

Cabe destacar la importancia que ha dado tradicionalmente el Cuerpo de la Policía Local a participar en esta procesión, acudiendo algunos años con muchos de los agentes de su plantilla. Además, desde mediados de la década anterior, el caballero o dama portaestandarte, abre la procesión con el Pendón Granate Parroquial, como así hará este año Rocío Pajares Salinas, Dama Portaestandarte 2018.

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