17 de marzo de 2018
17.03.2018
Tribuna
Encalado en «el terrao»

Vías pecuarias: la ruta de la sal

17.03.2018 | 04:15

La evolución histórica de la región mediterránea ha tenido consecuencias diversas en materia pecuaria y en el mundo de los caminos ganaderos hacia las zonas salinas con toda su complejidad y dimensión en parte al Mar Menor y los alrededores de las lagunas de Torrevieja y La Mata.

La práctica de la trashumancia tiene su base en dos fenómenos naturales relacionados entre sí: las diferencias en producción provocadas por las estaciones y la migración animal que, en pequeña medida y con la intervención humana, se podría comparar con el espectáculo migracional que acontece a gran escala en el ecosistema africano de Serengeti-Mara.

La trashumancia tiene una lógica, se ha observado que los pastos de zonas con fuerte sequía estacional son más nutritivos que aquellos que disponen de precipitación todo el año. Esas rutas seguidas por los herbívoros salvajes son aún hoy visibles en los caminos pecuarios.? Los cazadores convertidos en ganaderos habrían usado así el conocimiento de los animales para mantener ganaderías más grandes.

La aportación de sal en la alimentación de los animales era esencial para el crecimiento, desarrollo y reproducción del ganado. Los beneficios de una correcta aportación de sal en la dieta de los animales iban dirigidos a la mejora nutricional del animal incrementando los índices de productividad tanto de calidad y en cantidad de carne, leche, piel, de fertilidad y nacencia de los animales.

Todo el ganado era controlado por perros mastines que llevaban a su cuello collares de cuero atravesados por pinchos hacia el exterior con los que se defendían del ataque de los lobos. Los rebaños discurrían por las cañadas o vías pecuarias acompañados por varios asnos de carga, llevando los víveres, redes largas que servían para encerrar dentro de ellas, en redil, a las ovejas por la noche, y además botas de cuero, primitivos utensilios de cocina, alimentos; pimientos, ajos, sebo, aceite y lo necesario para condimentar la comida, sal para el ganado y las pellejas de los animales muertos en ruta.

Al llegar a los pastos, de verano o invierno, la primera ocupación consistía en la reparación de las casetas que iban a servir de refugio a los pastores, bien en los alrededores de las lagunas salineras o en las inmediaciones del Mar Menor. Los pastos de los alrededores de las lagunas de Torrevieja y La Mata eran arrendados por el Estado a estos ganaderos, algunos de ellos recordados hasta tiempos recientes.
Entre los últimos ganaderos trashumantes recordaremos a Martín Artigot Lorente, nacido en 1887, en Monterde de Albarracín (Teruel), que fue el pastor que cambió la historia del Pilar de la Horadada. Apostó por las tierras pilareñas y en 1927 se hizo con siete grandes fincas, como «Lo Monte», por 275.000 pesetas en 1929, estableciéndose y trabajando el resto de su vida en ellas. Además de la agricultura contaban con reses lanares, porcinas, mulares y vacunas.

Atrajo a otros oriundos de Murcia, Albacete, Cuenca y Teruel, entre los que se encontraba Domingo Soler Pascual «el Rondas», natural de Tella (Teruel), uno de sus mayorales, que contrajo matrimonio con la torrevejense Rosario Soler Orihuela «la Perdía» -madre del actual concejal torrevejense Domingo Soler y de Rosario, vicepresidenta del Casino-, siendo testigo de la boda Victoria Artigot, hija del ganadero turolense

Instantánea Martín Artigot con el ganado, pastores y su nieta en la finca de ´Lo Monte´. / Foto del Libro

Otro ganadero transhumante, Pascual del Baño García, natural Cuenca, junto con su suegro Joaquín Ortuño Lorente -persona bien situada en el ambiente rural de San Miguel de Salinas- los compradores, el 10 de junio de 1920, de la Dehesa de Campoamor fue vendida por Ramón Rodríguez-Valverde y Campoamor, sobrino del conocido poeta. Pagaron la cantidad de 450.000 pesetas, cantidad considerable para la época, aunque seguramente justificada, ya que los nuevos propietarios obtuvieron en su primer año de disfrute la cantidad de 160.000 pesetas, solamente por la corta de pinos. El 7 de diciembre de 1922, Pascual del Baño García compró a Ortuño la mitad que éste había adquirido dos años antes. El también propietario de la finca La Coronela, en San Miguel de Salinas, y casado con la hija de su anterior copropietario, Manuela Ortuño Galant, inauguró su posesión de Campoamor con una tala de pinos, que dejó grandes extensiones de la finca despobladas de vegetación arbórea, iniciaron varios ensayos de agricultura intensiva y extensiva.

La actividad pecuaria, justificaba en el oficio de tratante de ganado tuvo continuidad con su hijo Pascual del Baño Galant, casado con la torrevejense Conchita Mateo Freixa, a través de negocios a gran escala en este sector, manteniéndose por medio de varios ganados de lanar y algunas puntas de caprino, ensayando también la crianza de toros de lidia, para lo que buscó el asesoramiento del matador de toros valenciano Vicente Barrera, amigo íntimo del propietario.

A lo largo de la Guerra Civil, los republicanos hicieron en la Dehesa ensayos frustrados de colectivización prosiguiendo la tala de árboles, siendo la corta de pinos muy considerable. Al acabar la contienda, Pascual del Baño Galant recuperó el dominio sobre la finca, cuyo estado era tal que el escritor pilareño José Toro Pérez la describió como «un inmenso erial». Todas las circunstancias condujeron a que el dueño se plantease la necesidad de vender la Dehesa de Campoamor a Antonio Tárraga Escribano, como así se hizo el 2 de enero de 1941.

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