23 de febrero de 2018
23.02.2018
Esperando a Godot

Don Quijote del Mercado y Sancho de la Corredora

23.02.2018 | 04:15

«Cesó la música, sentóse Sancho a la cabecera de la mesa, porque no había más de aquel asiento, y no otro servicio en toda ella. Púsose a su lado en pie un personaje, que después mostró ser médico, con una varilla de ballena en la mano. Levantaron una riquísima y blanca toalla con que estaban cubiertas las frutas y mucha diversidad de platos de diversos manjares. Uno que parecía estudiante echó la bendición y un paje puso un babador randado a Sancho; otro que hacía el oficio de maestresala llegó un plato de fruta delante, pero apenas hubo comido un bocado, cuando, el de la varilla tocando con ella en el plato, se le quitaron de delante con grandísima celeridad; pero el maestresala le llegó otro de otro manjar. Iba a probarle Sancho, pero, antes que llegase a él ni le gustase, ya la varilla había tocado en él, y un paje alzádole con tanta presteza como el de la fruta. Visto lo cual por Sancho, quedó suspenso y, mirando a todos, preguntó si se había de comer aquella comida como juego de maesecoral».

El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha. Segunda parte. Capítulo XLVII.

El fragmento de la obra cumbre de las letras hispánicas que abre este artículo pertenece al capítulo titulado «Donde se prosigue cómo se portaba Sancho Panza en su gobierno». Estoy convencido de que si, finalmente, Sancho Panza hubiera obtenido el gobierno de la ínsula que Don Quijote le había prometido, ese gobierno hubiera estado dominado por el sentido común pues, a pesar de sus carencias por su rústica educación, a Sancho no le faltaba. La política española, y local, en cambio, está llena de juegos de maesecoral, es decir, de juegos de prestidigitación para apuestas, de trileros.
En Elche hemos visto ejemplos de ello en asuntos como el del Mercado Central o el de la peatonalización de la Corredora, hechos íntimamente relacionados. Ninguno de los dos es bueno o malo per se, pero sí es nefasta la gestión que de ellos se ha hecho. Puede que el Mercado y la peatonalización sean condiciones necesarias para la reactivación del centro histórico, pero no suficientes. Ahí radica el «juego de maesecoral».
Si preguntamos a cualquiera cuál cree que es el sector productivo predominante en Elche, seguramente nos contestará que la industria, pues lo primero que se nos viene a la mente es la pujanza manufacturera de nuestra ciudad, gracias al calzado. Sin embargo, el tejido productivo de Elche ha cambiado de forma muy significativa en los últimos años; ahora el peso del comercio supone el 27% de la actividad, el industrial el 18%, la hostelería el 10%, y la administración y servicios el 7%.
Por lo tanto, Elche sigue siendo una ciudad muy industrial, pero el peso del sector terciario supone ya casi la mitad de la actividad económica ilicitana. En este contexto, un centro histórico pujante y que ejerza de polo de atracción comercial, cultural, turístico y de ocio es fundamental. Esto sólo se conseguirá el día que pongamos a un lado los intereses de unos, y la búsqueda de réditos electorales de otros, y nos pongamos de acuerdo en una idea para el centro de Elche, en el que se combinen medidas a corto, medio y largo plazo, en el contexto general de una idea de ciudad lógica, racional, realizable y consensuada.
En consecuencia, no cabe ya discutir Mercado sí o no, puesto que hay un contrato firmado y, parece ser, romperlo causaría grandes gastos (el propio alcalde lo ha dicho); ni argumentar contra la peatonalización del centro, pues es una medida que están llevando a cabo muchas ciudades y el avance en esa dirección es irrefrenable. La cuestión es cómo llevarlo a cabo y qué medidas coadyuvantes han de ponerse en marcha para que supongan un revulsivo para el decadente centro de Elche.
Nadie dice que sea fácil, pero los ejemplos de otras ciudades nos podrían servir perfectamente. En primer lugar, una peatonalización ambiciosa requiere aparcamientos públicos en dos zonas concéntricas: una periférica, situada a una distancia de un kilómetro, aproximadamente, en la que se situarían aparcamientos disuasorios gratuitos; otra en el propio centro con aparcamientos de pago con acceso directo al centro histórico de la ciudad.
Estas medidas deben venir acompañadas de un potente centro comercial abierto en torno al Mercado Central, que combine tiendas y restauración, sin olvidar, por supuesto, el fomento de los valores culturales que poseemos y que no están suficientemente explotados, explicados ni expuestos para su disfrute: el MAHE, el Palacio de Altamira, el Museo de La Festa, los Baños Árabes... O la muralla, que nadie sabe que está ahí y que da el nombre a nuestro casco histórico: «La Vila Murada».
Sin embargo, el hecho de que el estudio para la peatonalización de la Corredora se adjudicara mediante un contrato menor, eludiendo de esa forma cualquier control y publicidad sobre el mismo, y que la obra se finalice justo para ser inaugurada el año de las elecciones resulta sospechoso. Ojalá me equivoque, pero, como leí en este mismo diario el miércoles pasado, estamos empezando la casa por el tejado.

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