14 de enero de 2018
14.01.2018
Tiene que llover

Mortal de Necesidad

14.01.2018 | 01:08

Ni independentismo ni ningún rollo macabeo. Lo que está marcando el arranque de 2018 tiene un color especial: el de los mocos, con una variada gama de toses. ¡Vaya pinta! La madre que lo parió. Y Rajoy, a lo suyo. Felicita 2016 y, en el estado de la nación repleto de paracetamoles y jarabes, queda bien a pesar del clamoroso fallo. Con este hombre no hay manera.
No sé si es que vi venir la avalancha pero el caso es que me inicié en la vacuna de la gripe y, aunque parece haber logrado su propósito, vaya diíta que pasé de entrada. Claro que no soy el mejor ejemplo. Yendo en un bus atestado para la playa en el verano del 70, mi primo aprovechó un cristal roto de la puerta para agarrarse, ésta le espachurró los dedos, se marchó por su pie hasta un hospital cercano y al que hubo que atender allí mismo fue a mí, que caí redondo. Como me impresiona tanto la sangre, las agujas y ese característico olor nada más traspasar la puerta, de ahí que tenga en un pedestal a todos aquellos que salen en auxilio. Mientras a nosotros la bata nos sienta ridícula, a ellos les otorga un toque de distinción. ¿O es el canguelo?
Sumadas infecciones y complicaciones respiratorias, el año ha traído una mayoría absoluta. Tal como anda todo de cogido con pinzas, su aspecto no podía ser otro. Para estar en línea, el mísimismo día de Navidad lo pasamos con la visita del médico quien, nada más evaluar los efectos del catarro de la aquejada de avanzada edad, sentenció: «Afortunadamente no está para ingresarla, porque allí puede coger...». Desesperante y descorazonador. Y que no lo atribuyan a la epidemia. Sin ella, las listas de espera suponen una pandemia en sí misma y, de las estancias mediopensionistas en Urgencias, qué les voy a contar que no hayan sufrido, sanitarios incluidos. La apuesta es manifiesta por recetar inyecciones en pos de la «atención al cliente» cuando, como ya advirtió Sancho al adentrarse por nuestro organismo, «señor, no se trata de lo que usted dice; son pacientes». El peligro no es que tú te sientas mal sino que, quien atiende, esté peor.

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