12 de enero de 2018
12.01.2018
Esperando a Godot

El mejor de los pecados

12.01.2018 | 01:37

Los detuvieron por atentado al pudor. Y nadie les creyó cuando el hombre y la mujer trataron de explicarse. En realidad, su amor no era sencillo. Él padecía claustrofobia, y ella, agorafobia. Era sólo por eso que fornicaban en los umbrales.

El párrafo que abre este artículo es un microrrelato de Mario Benedetti llamado Su amor no era sencillo y que pueden leer en una recopilación de diez cuentos del autor, todos de tema amoroso, recientemente publicada por la editorial Lumen, bajo el título general de El mejor de los pecados.
Mario Benedetti fue un escritor uruguayo que vivió entre 1920 y 2009. Se le considera, con toda justicia, la figura más destacada de la literatura uruguaya de la segunda mitad del siglo XX, junto a Juan Carlos Onetti. Asimismo, su contribución fue muy destacada para colaborar al gran auge que disfrutó la literatura hispanoamericana de su época.

Benedetti atravesó diversas vicisitudes en su vida, entre las que se encuentra el exilio de su país, como consecuencia de las dictaduras militares que padeció el Uruguay. Este hecho tuvo un reflejo evidente en su literatura, que plasma la aflicción de innumerables sectores sociales por la represión que vivían los pueblos de América Latina, así como la esperanza de algunos porque fuera el socialismo el que pusiera fin a esa situación; aunque el propio Benedetti, con su particular agudeza y fino sentido del humor, afirmara en una ocasión que «en las exequias y otros lutos, los muertos se mueren otra vez pero de risa, sólo porque comparan los huesos con los huesos, y con humor proclaman que son todos iguales. Es el socialismo de los esqueletos».

No voy a ahondar más en la vida y obra de Mario Benedetti, pues su producción literaria en verso y prosa, sus ensayos y sus artículos periodísticos y de crítica literaria componen un corpus que precisaría, sólo para enumerarlo, de un artículo completo. Si desean iniciarse en la lectura del insigne uruguayo, cosa que les recomiendo, no tienen más que acercarse a una librería o biblioteca y elegir una obra suya. No les defraudará.

Yo me he permitido reproducirles el cortísimo cuento con el que arranca este artículo por dos motivos: el primero de índole estrictamente literaria o artística. Me ha parecido un relato de un ingenio sin parangón. Dos personas que se aman, pero cuyos encuentros resultan imposibles e inverosímiles, todo ello narrado en tres líneas y con un estilo exquisito.

El segundo, debo reconocerlo, es una maldad. Ese amor imposible que describe el relato de Benedetti, me ha recordado al que se profesan algunas fuerzas políticas que, siendo en principio poco afines ideológicamente, buscan un lugar común en el que consumar su lujuria, que se transmuta en este caso en un afán por ostentar el poder a cualquier precio. Tal es el caso, por ejemplo, de los partidos independentistas catalanes. Sus planteamientos programáticos, al menos en teoría, deberían ser divergentes: unos se confiesan democristianos, otros se declaran de izquierdas y los terceros son, básicamente, antisistema. Pero todos fornican en el umbral del nacionalismo excluyente.
El pasado lunes, en este mismo diario, nuestro alcalde, Carlos González, enumeraba los proyectos del Consistorio para el año que acaba de comenzar. Nuestro primer edil es una persona educada y culta, así que estoy seguro que conocerá la frase, precisamente de Benedetti, en la que afirmaba: «Tengo la horrible sensación de que pasa el tiempo y no hago nada, y nada acontece, y nada me conmueve hasta la raíz». Quizás sea esa frase, o quizás la proximidad de las elecciones, lo que le ha movido a presentar esos proyectos, entre los que, justo es reconocerlo, hay algunos muy interesantes.

En sus declaraciones a INFORMACIÓN, el alcalde destacó, como asuntos prioritarios para 2018, «la regeneración del Pantano; la peatonalización de la Corredora; el inicio del tercer bloque de viviendas sociales de San Antón; la construcción del instituto número 11; la modernización de la planta de residuos; la construcción del depósito de agua en Arenales y la ampliación del Cementerio Nuevo; la licitación del contrato de limpieza y de recogida de basura; la conversión del MAHE en un museo de Arte Ibérico para lograr la cesión temporal de la Dama».
Nada que objetar, más bien al contrario, a la regeneración del Pantano, algo muy necesario, si bien quizás debería acometerse junto con una actuación integral en el río Vinalopó, en colaboración con la Confederación Hidrográfica del Júcar, si el objetivo de Elche Ciudad Verde Europea 2030 es cierto, y no mera propaganda.

La peatonalización de la Corredora es una apuesta valiente, pues tiene muchos detractores. Cierto es que también los tuvo en su día la construcción del parking en la calle Poeta Miguel Hernández, acometida por Diego Maciá, pero el problema aquí es que la peatonalización de la Corredora venía incluida en el pliego de adjudicación de la obra del Mercado Central; cabría aclarar, entonces, si una y otra obra son excluyentes. Como decía, de nuevo, Benedetti, «una cosa es que nos engañen y otra distinta que nos engañemos».

Del resto de actuaciones propuestas, tiempo habrá de ir desgranando y analizando cada una de ellas, estamos aún en enero y algunas son de tal enjundia que merecen un artículo para sí mismas, pero sí merece la pena hacer mención a otra afirmación que el alcalde realizó en la misma comparecencia sobre «la necesidad de que durante este año haya estabilidad y cohesión política entre el equipo de gobierno, con la intención de generar confianza de cara a la población».

No sé a ustedes, pero a mí me da la impresión de que el PSOE y Compromís, en muchos asuntos (el Mercado Central, el Plan de Acción Territorial, la educación...), se encuentran como los amantes del cuento de Benedetti: el uno con claustrofobia, el otro con agorafobia. Espero, por pudor y por el bien de Elche, que encuentren un espacio adecuado para fornicar, políticamente hablando claro, más allá de los umbrales.

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