05 de noviembre de 2017
05.11.2017
Esto no es un cuaderno

Juego de patronos

Lejos de aumentar, la asignación económica del Consell se ha visto rebajada este año en 1.200 euros, en una evidencia más de lo mucho que se tiene en cuenta a Elche en València y del peso político de nuestros gestores y representantes

05.11.2017 | 01:53

«El que va demasiado


aprisa llega tan tarde como el que va muy despacio».


«Romeo y Julieta» (1597),


de William Shakespeare .

A ún rebotan en nuestro sistema límbico los destellos neuronales provocados por los estímulos del Festival Medieval ?no, no me refiero a los envolventes efluvios de los kebabs y barbacoas del mercado, sino a la vertiente artística?, tras la clausura esta semana de su vigésimo segunda edición. El certamen, iniciado en 1990, ha logrado milagrosamente capear la época de los recortes, que llegaron ya en la etapa del alcalde socialista Alejandro Soler y se agudizaron en el mandato de la popular Mercedes Alonso y su política del «más por menos» y «coste cero» a tutiplén. Pese a temerse por su extinción, logró sobrevivir a los tiempos de penurias, y de un presupuesto de 300.000 ó 400.000 euros en los mejores años se ha pasado a unos 60.000, más o menos, de esta última edición, la mitad de los cuales proceden del canon que abona de canon el mercado medieval. Porque las subvenciones no es que den para mucho: 10.000 euros del instituto ministerial de artes escénicas y música (Inaem) y 16.000 de la Conselleria de Cultura. Cifras potentes, como se ve, para el que, pese a todo, sigue siendo un festival de referencia en su género en la Comunitat Valenciana y en España. Pero no se vayan todavía, aún hay más. Lejos de aumentar, la asignación económica del Consell se ha visto rebajada este año en 1.200 euros, en una evidencia más de lo mucho que se tiene en cuenta a Elche en València y del peso político de nuestros gestores y representantes. Y, en efecto, como habrá advertido más de un/a lector/a perspicaz, no está la Diputación entre los patrocinadores. El año pasado tampoco dio ni un euro al festival, aunque hasta ese momento no es que el organismo provincial fuera muy espléndido: tan solo aportaba 8.000 euros. No vaya a ser que se descuadren los 600.000 euros que destina a la programación anual del ADDA (de los 2,3 millones del presupuesto global del auditorio para este curso). Pues eso, espíritu medieval a tope: vasallos y señores.


Volviendo al festival, resulta evidente que uno de los aspectos que más se echan en falta es un gran espectáculo de calle, tipo Xarxa Teatre o Comediants. Y lo paradójico es que esta edición el cartel podría haberse potenciado sensiblemente con una atractiva producción local. Me refiero al espectáculo protagonizado por el grupo popular en el pleno del pasado lunes, con la presentación de un centenar de ruegos, preguntas, sugerencias, exhortaciones, súplicas y plegarias a cargo del presidente local, Pablo Ruz, y sus cuatro ediles afines, sin conocimiento previo de la portavoz emérita, Mercedes Alonso, y sus tres concejales coaligados, ante la fruición rayana en el regocijo del alcalde, Carlos González, y la bancada gobernante. Pero en lugar de proponer este montaje a los programadores del certamen, se presentó de tapadillo en una especie de «off-festival», fuera del programa oficial. Con tiempo, Maracaibo o NSM habrían preparado una puesta en escena tipo «Juego de Tronos», con correfocs, títeres, gigantes y cabezudos, y hasta caballos y ponis (por supuesto, sin contravenir la ordenanza municipal antiestrés animal y vegetal). Y, para añadirle atractivo, intervendrían los propios munícipes (de manera participativa y transparente, por supuesto).


La puesta en escena podría haber sido la siguiente. El equipo de gobierno sitiado en el Palacio de Altamira, escaso de víveres y sin un mercado cercano del que abastecerse (tendrían que cruzar el río y se arriesgan a morir a manos de las huestes enemigas, más numerosas). El alcaide ?González, quién si no?, con armadura y espada en mano, en lo alto de la torre del Homenaje, proclamando a los cuatro vientos: «¡No lograréis vencer ni convencer, por mucho que lancéis un atracón de ruegos envenenados!». Los compromisarios defendiendo el flanco izquierdo del castillo, al grito de «¡Movilicémonos contra el enemigo pero de forma sostenible! ¡Nada de fuego valyrio, que es muy contaminante. Arrojadles picudos cabreados!».


A los pies de los muros, fuerzas populares procedentes de Invernalia, con Alonso al frente, tratan de acceder a la fortaleza por la puerta de la tienda del MAHE, pero cuando están listas para embestir con el ariete de tronco de palmera, se ponen en marcha los chorros de la fuente y quedan hechos una sopa. En eso que escuchan una algarabía frente a la puerta principal. Las tropas populares que permanecían acuarteladas han decidido atacar por sorpresa, al mando del joven Pablo Ruz, tras ser proclamado Rey en el Norte. Ambas huestes populares descalifican las estrategias del otro bando, mientras se alzan amenazantes espadas, cachiporras, mazas y alguna que otra silla de una cafetería cercana... En ese momento, desde lo alto del campanario de Santa María vemos deslizarse en tirolina un dragón volador escupiendo fuego por la boca, montado por Mireia Mollà. Antes de tomar tierra en el patio de armas, llevándose por delante la Creu de Terme, logra chamuscar a las divididas tropas populares, que huyen en tropel hacia los chorros de la fuente. Sin embargo, pese a la momentánea victoria de los Tres Reinos de Poniente, dentro de la fortaleza se masca la traición y la deslealtad... El espectáculo ha concluido y el público aplaude a rabiar. Éxito rotundo.


En fin, una lástima. En cualquier caso, se anuncian nuevos episodios del juego de tronos del PP local, que darán para varias temporadas. A ver si el próximo festival programa el espectáculo. Y que la Diputación lo subvencione.

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