05 de abril de 2017
05.04.2017
Opinión

La jornada de la discordia...

05.04.2017 | 01:01
La jornada de la discordia...

Ya les aviso de antemano que no soy tan temerario ni tan atrevido como para pensar que una de las dos opciones entre la jornada escolar continua y la partida es objetiva, científica e irrefutablemente mejor que la otra. En primer lugar, porque creo que nos movemos en el campo de la opinión por mucho que queramos aportar miles de estudios que avalan una u otra opción. Perdonen, pero no creo que la vida de nuestros hijos ni tan siquiera su felicidad dependan del tipo de jornada o que la elección de una u otra sea tan significativa como para afectar el rendimiento académico. Sí soy, en cambio, de los que piensa que es una cuestión importante, trascendente en la medida en que esa jornada se debe presentar y contextualizar dentro de un proyecto pedagógico más amplio y con mayores implicaciones por parte de la Administración ausente en todo este asunto.


En toda esta cuestión que atañe a la elección de la jornada por parte de los centros educativos de Primaria hay algo que no llego a entender. Si es tan importante, ¿por qué ha dejado la Administración que sean las familias las que decidan el tipo de jornada? Hemos escuchado en muchas ocasiones en los últimos tiempos con respecto a otras decisiones que era una falta de responsabilidad por parte de los políticos hacer recaer el peso de las grandes decisiones en los ciudadanos, en lugar de proponer mecanismos que hicieran posible una solución que diera satisfacción y solución a todos.


En este sentido, y con respecto a las responsabilidades de las administraciones educativas, hay una falta evidente de visión no sólo por parte de la Conselleria de Educación sino de nuestra propia Concejalía, que ha planteado la cuestión de la jornada escolar como una cuestión propia de la esfera particular que, en algunos casos, ha alcanzado tintes guerracivilistas entre padres, y no como una cuestión de modelo educativo que pudiera albergar una respuesta para ambas posibilidades teniendo en cuenta el mapa escolar municipal completo. Con respecto a Elche, echo de menos una hoja de ruta coherente, una visión de conjunto, un plan integral, o como quieran llamarlo, en materia educativa para nuestra ciudad fruto del diálogo continuo con los agentes sociales y la comunidad educativa, que siente las bases del modelo de ciudad que queremos desde el punto de vista educativo. Elche sigue gozando de una red de centros públicos de calidad como ninguna otra ciudad de nuestra Comunidad, pero necesita urgentemente y se merece un liderazgo más ambicioso que dé respuesta a numerosas cuestiones: un calendario para la eliminación efectiva de los barracones, reivindicando y proponiendo con firmeza ante Valencia las medidas necesarias para la reforma de los centros educativos de Secundaria, la actualización del mapa escolar municipal que responda a las necesidades reales de una escolarización inclusiva y racional, una implicación trasversal de las distintas concejalías para ofrecer a nuestros estudiantes una amplia, sólida y atractiva oferta cultural y formativa fuera del horario escolar, etc. En definitiva, una mayor implicación que conlleve el paso del estar al hacer y al proponer: un modelo educativo propio de una ciudad como Elche. Necesitamos, de nuevo, un Gobierno municipal fuerte con propuestas, sin miedo a tomar decisiones y, en su defecto, una oposición en grado de exigirle que actúe. Si se concibiera la cuestión de la jornada continua dentro de este marco general, se podría articular una respuesta a todas las opciones no dejando en la cuneta a muchas familias que han matriculado a sus hijos con unas condiciones que han cambiado a mitad de la partida.

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