30 de junio de 2015
30.06.2015

Las crisis y el proyecto europeo

30.06.2015 | 04:15
Las crisis y el proyecto europeo

Es difícil negar las dificultades que continuamente sufre el proyecto de Unión Europea, que quizás sea el más ambicioso que un grupo de países, que pasaron la mayor parte de su historia peleando entre si, haya puesto en marcha en el siglo XX. La superación del nacionalismo de los antiguos estados europeos y la construcción de una nueva identidad que nos englobe a todos no es nada fácil. Supone fijarse y centrarse en aquello que nos une minimizando lo que nos diferencia. Es exactamente lo opuesto a lo que tienen que hacer los partidos nacionalistas tan en vigor actualmente en España. Deben centrarse, para justificar la independencia que piden, en lo que nos separa y potenciar esas diferencias hasta el extremo de que los agravios y rencores que constituyen su mensaje (los españoles nos roban) sean lo suficientemente potentes y estén lo suficientemente arraigados para justificar la separación. Y creo que van ganando en Cataluña. Lo extraño es que todavía alguien crea que personajes y partidos como esos sean progresistas. Al menos la Liga del Norte ya hace tiempo que se quitó esa careta (Roma ladrona).
Creo que el resultado de este fin de semana respecto de la negociación de Grecia con el resto de países de la Unión Monetaria tiene ese tufillo rancio del nacionalismo mas ramplón. Ese argumento de que «Europa quiere humillar al pueblo griego» cuando ese resultado es fruto de la incompetencia de los dirigentes de Siryza y en particular de su líder por llevar a cabo una negociación realista y seria con los dirigentes (también democráticamente elegidos), de países que se han hecho cargo de mas del 50% de la deuda griega y les están permitiendo financiarse a tipos de interés muy por debajo del que tendrían que pagar si tuvieran moneda propia, es un buen ejemplo de como al final se acaban enrollando en sus banderas para justificar su fracaso.
Ya he escrito con anterioridad mi opinión de que Alemania ha jugado un papel muy poco solidario con los países del sur de Europa buscando maximizar su propio interés a corto plazo en una visión muy miope y nacionalista de este período y el proyecto de la UME. Alemania se ha financiado con tipos casi negativos gracias a la inestabilidad que alimentaron con sus declaraciones, algunos de sus dirigentes, acerca de países como España, que en el año de inicio de la crisis tenía una deuda que era la mitad sobre PIB que la de Alemania. Que este país hoy presente superávit del sector público y haya reducido el porcentaje de deuda/PIB sin apenas crecimiento de su economía solo es posible porque la reducción del servicio de su deuda le ha permitido hacerlo gracias a constituirse como activos refugio frente a los del resto de los países del euro. Lo mismo podría decirse del dólar y de la economía de Estados Unidos que ha podido financiarse a tipos mínimos pese a ser el mayor deudor mundial, por las dudas acerca del área euro que algunos de sus economistas y agencias de evaluación de riesgos anglosajonas han estado alimentando.
Pero esos errores no justifican la torpe manera de los dirigentes griegos en la negociación. El argumento de que el crecimiento y las políticas de estímulo es la vía adecuada para devolver las deudas, es correcto en mi opinión, pero esos estímulos deben ir acompañados de una reestructuración de su propia economía para que sus efectos sean duraderos (ni Grecia ni España ni ningún otro país puede reducir el ratio de activos con empleo /jubilados mas allá de 2'5 ó 3 a uno si se desea sostener el sistema de pensiones en una tendencia de envejecimiento de la población). La prioridad debe ser la creación de empleo y las reformas que hagan que sus empresas sean competitivas son imprescindibles en la economía global, en donde la movilidad de bienes, servicios y capitales sin apenas restricciones es un hecho.
Los dirigentes griegos, en una política de «naves quemadas», han intentado mostrar a Europa que ya no van a dar marcha atrás y que ahora el problema lo tiene Europa. Este caso ya lo ha vivido el proyecto europeo. En la crisis del Sistema Monetario Europeo de 1992, tras una actuación de Alemania (tras la generosa reunificación) bastante discutible con el Reino Unido y otros países cuyas monedas estaban siendo sometidas a una fuerte especulación, y que resultaba contradictoria con las reglas básicas de funcionamiento del SME, la libra esterlina y las coronas sueca y danesa abandonaron el sistema de bandas de fluctuación de dicho sistema dejando flotar sus monedas. Es más, el «comprensible» enfado de las autoridades de esos países les llevaron a anunciar que no volverían a dicho sistema de tipos de cambio fijos ni pensaban participar en una futura unión monetaria. Y así siguen como todo el mundo sabe. Este hecho más la devaluación de las monedas de países como España (el 25% desde 1993 a 1994), Italia y otros, puso en peligro todo el sistema monetario europeo y se anunció la imposibilidad de mantener algo parecido. La respuesta de Europa fue, afortunadamente, más unión europea y no menos. Las bandas de fluctuación se ampliaron del (+,-) 2'25% al (+,-) 15%, lo que hacía imposible especular contra una moneda con recursos y ganancias suficientes, tal y como había hecho G. Soros con la libra. Además se formularon las condiciones (condiciones de Maastricht) para lograr una verdadera unión monetaria abriéndose una nueva situación de ilusión y confianza en el proyecto de la Unión, que ha dado lugar al período más dilatado de crecimiento tanto de PIB como de renta per cápita que hemos tenido (1995-2008) desde la década de los sesenta.
Lo que Europa puede y debe hacer es no olvidar su historia. Es el momento de completar la Unión Monetaria con la parte fiscal y financiera que nos falta. La mutualización de deudas/déficits de los países, o la eliminación de que el BCE no pueda comprar directamente deuda de los estados y la extensión del presupuesto de la propia unión para hacer frente a los shocks asimétricos junto con la ampliación de condiciones acerca del ratio déficit y deuda externa sobre PIB que se pueden mantener, son los pasos necesarios para ir cerrando un proyecto que desde el fin de la segunda guerra mundial ha hecho de Europa el área de mayor bienestar del planeta. Una vez se anuncie y lleve a cabo este nuevo salto hacia delante será el momento de pedir a Grecia que ocupe su lugar junto a todos porque efectivamente sin ellos estaríamos incompletos.

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