13 de febrero de 2015
13.02.2015
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Tribuna

En torno al conflicto de los lodos

13.02.2015 | 00:50
En torno al conflicto de los lodos

LA SEGURIDAD DE LOS DESECHOS: Dublín, noviembre, 1985.


Las jornadas desarrolladas en este país hace ya 30 años, por la Fundación Europea para «la mejora de las condiciones de vida y de trabajo», concluían: los ingenios para tratar nuestros residuos sólidos urbanos/industriales y los fangos/lodos de las depuradoras de nuestras aguas residuales, son industrias como las otras, con la especificidad que presenta cada tipo de industria, la solvencia técnica aplicada y la capacidad supervisora de quienes tienen encomendada la responsabilidad de evaluar el adecuado tratamiento de lo manipulado.


Este axioma ya fue esgrimido, por quien suscribe, el 28 de octubre de 1994, en un trabajo titulado: Benifallim, Benilloba y Penàguila: el silencio también es un bien escaso. Tuvimos entonces que argumentar para convencer, a tirios y a troyanos, que meterían la pata si se obstinaban en situar, en el corazón del valle que une a estos tres municipios, el macro vertedero/tratamiento de residuos sólidos urbanos (las bolsas de basura). Afortunadamente, aquel despropósito se abortó. Se abortó porque, el entonces alcalde de Penàguila tenía un Ayuntamiento con competencias para otorgar o desestimar la licencia. Se abortó gracias a los habitantes de los tres municipios. Se abortó por la contundencia indiscutible de los informes técnicos: margas fracturadas, acuífero, escorrentías torrenciales, caminos propios para cabras.


Pero no fue esto lo único. Se abortó por los dos fundamentales argumentos: se desordena el territorio; y lo hecho se pone en un recóndito punto donde nadie será capaz de controlar: qué se trata y cómo se trata.


Aquellos lectores que puedan permitirse el disfrute de visitar el valle; y sus tres diminutos municipios, Benifallim, Benilloba y Penàguila, comprenderán el valor del «silencio». El valor de ser uno de los mayores proveedores de las aguas del río Serpis. El valor de su paisaje que encara al levante (vientos húmedos del Mediterráneo, cuando se dignan a soplar, últimamente, por desgracia, ni un solo aliento; pero cuando entran, entran, a veces con demasiados ímpetus: 720 l/m2 en 1982 y más de 800 en el 86).


El valor de la sierra Aitana y del Rontonar/Carrasqueña (el segundo mayor acuífero de aguas subterráneas del Mediterráneo; tras Els Ports-Maestrat, en Castellón). El valor arqueológico (el primigenio Neolítico, en Europa, del Mas d´Is).


En el año 1994, fueron muchos los que, sin ser habitantes de estas tres minúsculas Villas, (académicos, técnicos, especialistas. Todos sin cobrar nada), se comprometieron para parar aquel atentado contra el bien común. Nos supimos organizar.


Entre ellos, los propietarios de las masías colindantes. Hasta tal punto, que estos últimos corrieron con un tercio de los costes por las gestiones realizadas ante el despacho de abogados que nos asistía: Benilloba asumió otro tercio y Benifallim y Penàguila costearon, entre ambos, el tercio restante. Nos consta que, 21 años después, las masías de estos tres pueblos son, y se consideran, más que nunca, hábitats integrados y afectados.


Tenemos hechos consumados: evaluaciones mecánicas perforando el subsuelo en el corazón de este valle. Estamos a la espera de que nos contesten a las preguntas: quién dio la licencia para ello, con qué fin y quién las encargó.


Merece recordar aquí el trabajo de Andrés Valdés: La montaña podrida. Publicado en este periódico INFORMACIÓN (01/02/14). En este informe nos ilustra cómo está hoy desordenado el territorio; y el descontrol o incapacidad de las instituciones que tienen encomendada la tarea de velar por el adecuado tratamiento de los residuos.


Le deseo fervientemente, y confío en él, por conocer su capacidad y su trayectoria que, el eurodiputado Andrés Perelló, no desfallezca en su constante empeño para defender el bien común y, de ese modo, el futuro de las generaciones venideras: sin una ordenación del territorio y sin la necesaria capacidad de supervisión de lo que se hace, cómo se hace y qué intereses los promueven, no hay futuro posible. La Murada, Abanilla. Cada 21 años: Benifallim, Benilloba y Penàguila.

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