01 de diciembre de 2014
01.12.2014
Tribuna

Vicente Valls: un poeta frente al mar

01.12.2014 | 01:02
Vicente Valls: un poeta frente al mar

Ha muerto el poeta Vicente Valls (Vicent Valls i Gonzàlez para quienes le leyeron y disfrutaron también en su lengua materna). Ha muerto, contra todo pronóstico, el poeta de Concentaina a quien tuve la suerte de descubrir en 1980, en la biblioteca de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Alicante. Recuerdo que alguien me pasó un ejemplar del diario Ciudad de Alcoy y allí, en sus páginas centrales, hallé unos poemas que reclamaron poderosamente mi atención. Valls no era por entonces un mero debutante. En su tarjeta poética constaban dos apariciones en los medios escritos (Revista del Instituto de Estudios Alicantinos, n.º 18, 1976, y Forma Abierta, I.E.A., 1978) y un primer libro recién publicado por la editorial malagueña El Guadalhorce: Elegía frente al mar y otros poemas.

En la década de los 80 tuvimos tiempo de conocernos y participar en proyectos comunes. Vicente siguió publicando en revistas literarias como Arrecife (Murcia, 1982) y Algaria 0 (1982, 1984 y 1985), formó parte de la antología poética Escrito en Alicante. Muestra de poesía joven (Diputación de Alicante, 1985) y editó un segundo poemario que confirmaba su talento lírico y su temas esenciales. Aquella obra, Figuras en el agua (Caja de Ahorros Provincial de Alicante, 1988), venía a enriquecer el panorama de la joven literatura provincial y nacional aportando un equilibrio perfecto entre tres elementos indispensables: tradición, emoción y pensamiento. Ese segundo libro, al igual que toda la producción de Vicente Valls, se nos ajustaba al cuerpo como un abrigo íntimo cortado a la medida. Estaba hecho con la tela de la mejor raigambre, pero el diseño tenía ese toque de originalidad y distinción que hacía de él un modelo exclusivo; un «modelo sugestivo -como apuntó en su día C. Guillén- donde el lenguaje simbólico juega con la alegoría para ofrecernos una visión caleidoscópica del tiempo, el amor y la existencia».

En 1990, el poeta publicó Memoria del olvido, ratificando con este nuevo poemario el tema vertebrador de su discurso: el mar y el agua. Lo era con sobrada evidencia en su primer libro; como recurso y trasfondo en Figuras en el agua, y como seña de identidad, como metáfora que remite a la infancia y a momentos esenciales de su vida, en su tercera obra. Prácticamente todos los poemas de Memoria del olvido nos remiten al mar. La imagen del agua invade los versos como una bella obsesión, hasta el punto de generar la idea de que el mar lo es todo para el escritor contestano. «La primera vez que mi padre me llevó a ver el mar -confesaba el poeta en 1987- le pregunté asombrado dónde estaba el final de aquel paisaje de agua que parecía no acabarse nunca». Desde aquella anécdota infantil, el mar como misterio -«el misterioso don inescrutable que transporta la vida hacia el vacío», escribe Valls-, como inquieta belleza, como símbolo del recuerdo, se había instalado en el corazón de su profundo discurso.

Tres libros más nos regaló el autor hasta hace apenas un año. En 1996 se editaba Treinta poemas (Instituto de Estudios Juan Gil-Albert); en 2003 la editorial alicantina Aguaclara publicaba Els baladres de la nit (Xé Premi de Poesia «Paco Mollá» 2002); y en 2013, tras obtener el Premi de Poesia Vila d'Almussafes 2012, veía la luz su, hasta la fecha, último libro: El pes de la cendra.

Sin olvidar su aparición en dos importantes antologías -Llampecs d'Espuernes (Mostra de poesía de l'Alcoià-Comptat), 1991, y El tast de la terra (Poesia entre Valls) 2010-, la presencia de Vicente Valls en la poesía valenciana y castellana de los últimos treinta años ha sido sólida y valiosa. Quienes hemos seguido de cerca sus pasos y hemos disfrutado de sus números premios -Ciudad de Orihuela en 1988, Vila de Crevillent en 1989, Vicente Mojica en 1994, Ateneo de Alicante en 1998, Paco Mollá en 2002 y Vila d'Almussafes en 2013- sabíamos que aún quedaba mucho verso por manar de su inteligencia. Sin embargo, la repentina e inesperada desaparición del filólogo, profesor y, ante todo, poeta, a los 57 años, ha dejado en el aire un velo de perplejidad y una honda punzada entre quienes le querían bien (Trini, su madre, su familia, sus viejos y recientes compañeros, sus amigos infinitos).

El col.lectiu 03802 colgó en su blog, el pasado viernes, una breve necrológica y un poema de su libro Els baladres de la nit. Yo quiero recordarle con la mirada limpia, oyendo de sus labios, como entonces, con precisión de ángel, unos versos amables de Figuras en el agua: «Cuántas veces buscaste en otro tiempo / la cálida palabra del labio sucesivo, / el hondo azul tranquilo de unos ojos / donde anegar tu olvido en la distancia./ Parece que la muerte, / restituyendo el tiempo su codicia, / devolviera a su origen / el antiguo latido misterioso / de los cuerpos ligeros, amantes en las ondas./ Y en el aire, / de soledad poblando los recuerdos, / se escuchara el enigma del agua acariciando / la sombra de la noche?».

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