11 de octubre de 2014
11.10.2014
Opinión

La honradez no está de moda

10.10.2014 | 23:29
La honradez no está de moda

Las estadísticas constatan que los índices de delincuencia bajan en toda España lo que da pie a pensar que, con los actuales niveles de desempleo y de ciudadanos que no cobran subsidio alguno, estos son honrados en su inmensa mayoría, formando parte de los llamados antaño pobres vergonzantes que ni siquiera se atreven a robar para dar de comer a quienes tienen a su cargo. Tal vez porque saben que, en caso de ser pillados en un simple hurto, su condena sería más rápida y diligente que otras donde el robo es a lo grande, de guante blanco y alma negra, queriendo aparentar, como en el título de la comedia de Jardiel Poncela, que Los ladrones somos gente honrada.

Un tan poco sospechoso como conocido hoy en día Giovanni Battista Casti, sacerdote, poeta y libretista italiano de la segunda mitad del siglo XVIII ya manifestaba por entonces que digno de gloria es el que roba un reino y digno de la horca el que roba poco.

Por su parte, Ortega y Gasset decía que quienes hablaban de decadencia eran los políticos, los artistas y los aristócratas, para él los verdaderamente decadentes. Yo solo sé que a diario nos encontramos con un nuevo escándalo de supuesta corrupción o, cuanto menos, de aparente sinvergonzonería que ratifica la decadencia de nuestra sociedad que rinde por parte de una minoría potente y prepotente el mejor tributo al becerro de oro que le aporte riqueza sin reparar en el modo cómo conseguirla.

A lo largo de mi ya dilatada vida he sido testigo de tantas cosas que he visto u oído que mis amigos me animan a escribir unas memorias que sólo podrían ver la luz una vez muerto para que las querellas y demandas civiles me llegaran al cementerio por la sencilla razón de que carezco de pruebas para demostrarlas y cuando le he pedido al interlocutor de algunas de las tropelías contadas que las denuncie, siempre ha surgido el miedo al poderoso, a sus contactos y represalias, eso de qué me ha de servir sino para meterme en líos y perder más que ganar porque aquí son muchos los que se van de rositas.

La inmensa mayoría silenciosa, sí silenciosa aunque se oigan ahora más voces disidentes, algunas de dudosa verosimilitud, está cada día más harta de generar riqueza que no le repercute con su trabajo honesto, de pagar impuestos para salvar rescates, comisiones bancarias hasta casi por respirar para derroche de sus dirigentes mientras son mirados con lupa de cara a detectarte un error en cualquier pago de impuestos con el que aplicarte moras y sanciones. Así es como se genera fraude del tipo de «a mí cóbramelo sin IVA».

Lo que el pueblo clama, es fácil percibirlo y ahí está la ocasión de rectificar ante unas próximas elecciones donde se siente más cercana la personalidad del candidato pues se trata de tu municipio o autonomía, es que se acabe de verdad con los corruptos con mando en plaza, gente ignota que no empiece ya a pegar codazos para colocarse en puestos de salida por interés personal cuando poco o nada han aportado por sus ciudadanos, sino hombres y mujeres honestos, preparados, que sirvan con su formación y conocimientos a quienes los ponen ahí con su voto y no se sirvan del cargo o de ocuparlo en función de un amiguismo o clientelismo.

No quiero que se me tilde de demagogo o ingenuo sino pensar que es posible la regeneración y que no acaben sus defensores como Joaquín Costa; que se rectifique, que se aprenda de los fracasos puntuales y que si, como dijo Cicerón, propio del hombre es errar, y yo añadiría que sin mala fe, sólo es propio del imbécil el permanecer en el yerro.

Escribía Forges en uno de sus geniales chistes, que la especialidad de moda a la que desean acceder quienes han terminado su carrera es «Meforrología». En España hay mucha gente honesta en el campo de la política e imagino que también en la banca, más a nivel de los empleados rasos. Pues bien, si las manzanas podridas son la minoría, saquémoslas porque además contagian a las de su alrededor en la podredumbre y hagamos posible que la honradez sea bandera del comportamiento público y el latrocinio límpidamente castigado por una justicia rápida, eficaz e independiente.

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