11 de octubre de 2014
11.10.2014

La hipérbole

10.10.2014 | 23:29
La hipérbole

Junto a la puerta del supermercado hay una mujer de unos 40 años que parece tener cien. Tal vez pese 30 kilos. Está sentada en una pequeña silla, con los ojos bajos. Algunos días la veo morder un plátano, un trozo de pan mojado en un yogur. 

Allí está. Hoy, ayer, cada día. Sin más oficio que el de alimentar su vida miserablemente para alejar la muerte hasta mañana.

Mientras tanto, el mundo continúa creyendo que los campos nazis estaban solo en Alemania y que los tercermundismos no existen en el Estado de Bienestar, siempre regido por el omnipotente Don Dinero. Mientras tanto, todos somos solidarios con la idea de que es maravillosa la invención de la solidaridad, la paloma de la paz y los utensilios del hogar. 

Mientras tanto, esa mujer (y otros millones como ella) sigue muriendo «de muerte natural» ante nosotros, hábiles estrategas a la hora de mirar hacia otro lado y culpar a «la injusticia social», como si la sociedad no fuésemos nosotros. 

Mientras tanto, los restaurantes rebosan de pastillas contra la indigestión, los gimnasios bajakilos engordan sus cuentas corrientes y la crisis dineraria parece consistir exclusivamente –salvo para los muy pobres– en no poder gastar en naderías el dinero que se gana a veces mal y pronto.

Mientras tanto, si llegase un alienígena del Planeta de la Justicia pensaría que «el mayor delito del hombre» es hacerse impunemente rico.

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