02 de octubre de 2014
02.10.2014

La Volvo, la ciudad y la cultura del mar

01.10.2014 | 23:42

La cultura de una ciudad se sustenta en valores sociales, estéticos, ambientales, históricos, puestos de manifiesto en las prácticas y modos de vida en ella. ¿Cuáles son los valores culturales compartidos por los ciudadanos en los que se sustenta la relación de Alicante con el mar?

"Necesitamos gestos a favor del mar" Eduardo Chillida
Las autoridades locales y comerciantes de la ciudad, bajo eslóganes como «¡Alicante capital de la vela!» y expresiones similares, muestran su optimismo con las repercusiones que tendrá la Volvo en la hostelería y otros sectores económicos de la ciudad. En principio, y desde una lógica del beneficio empresarial, no hay nada que objetar. Otra cosa muy diferente es la idea de ciudad que comporta estas miradas cortas, superficiales e interesadas sobre la ciudad y las cosas que pasan en ella, porque no responden a preguntas que nos parece pertinente hacerse: ¿qué repercusiones tiene la Volvo en los ciudadanos de a pie cuando se va a celebrar su tercera edición?, ¿qué huella ha dejado este acontecimiento en la ciudad?, ¿qué arraigo suscita el acontecimiento entre los ciudadanos?
En otras ocasiones hemos defendido que la Volvo debería de haber sido una oportunidad para replantearse las relaciones de la ciudad con el mar. Alicante no es una ciudad ni marítima ni portuaria. Estar emplazada en el litoral y disponer de un gran puerto, es una condición necesaria pero no suficiente para esa atribución. El carácter marítimo y portuario de una ciudad se justifica por su grado de integración social, cultural y económica con el mar y el puerto, que es muy débil en nuestra ciudad.
Realmente la Volvo es un acontecimiento ajeno a la ciudad. Ni siquiera es el resultado de una gestión realizada desde la misma, recordemos que llegó como un «regalo» de la Generalitat en tiempos de Camps para suavizar los agravios a la ciudad desde Valencia.
Pero dejando de lado la profusa escenografía mercantil que rodea a la Volvo, esta carrera náutica transmite valores que deberían imprimir aliento para la recuperación de la decaída cultura marítima de la ciudad. Nos encontramos con una dura travesía a la que se van a enfrentar barcos y tripulaciones, en la que se funde técnica y coraje personal en una «intimidad con la naturaleza, que es, después de todo, condición indispensable para la edificación de una arte» como nos ha dejado escrito Joseph Conrad, el gran novelista del mar.
La cultura de una ciudad se sustenta en una serie de valores sociales, estéticos, ambientales, históricos, que se ponen de manifiesto en las prácticas y modos de vida en ella. Si buscamos en nuestra ciudad esos valores con relación al mar el resultado es muy pobre, por lo escaso y poco extendida que está esa cultura, ¿cuáles son los valores culturales compartidos por los ciudadanos en los que se sustenta la relación de Alicante con el mar? Veamos dos ejemplos.
El primero es urbanístico. Después de más de veinte años dándole vueltas al proyecto de un paseo marítimo de conexión del núcleo urbano con la Albufereta, se acaba de inaugurar precipitadamente un tramo a la altura de la cantera, entre la indiferencia, o la incredulidad de los ciudadanos, ante semejante «bunker» que se erige contra el mar. El mar es el protagonista del paisaje litoral e intentar competir con él construyendo tal «fortaleza» es exponerse a hacer el ridículo, como ha ocurrido aquí. El nuevo paseo no materializa ningún «gesto a favor del mar», sino todo lo contrario.
El segundo ejemplo tiene que ver con la práctica de la vela, ¿qué repercusión ha tenido la Volvo en la extensión de este deporte entre los ciudadanos?, ¿se ha desarrollado algún programa público para que cualquier niño o joven de la ciudad tenga la posibilidad de practicar este deporte? No se tiene noticia de ello. De modo que quien quiera que sus hijos se ejerciten en la vela tiene que pasar por alguno de los clubs privados de la ciudad, lo que supone desembolsar para cursos de iniciación entre 140 o 170 euros a la semana, o 60 euros la hora, o 250 euros por veinte horas. Hay muchas familias que no pueden permitirse pagar esas cuotas. Y todavía hay quien defiende que la vela no es un deporte elitista.
La recuperación de la cultura del mar en la ciudad debería dirigirse a la puesta en valor de su historia y patrimonio marítimo y portuario. De entre toda esa riqueza patrimonial, nos permitimos empezar proponiendo el rescate de la memoria de un acontecimiento que se produjo en nuestra ciudad y que sigue teniendo actualidad científica y técnica. A mediados del siglo XIX se iniciaron los trabajos para el levantamiento del Mapa Topográfico Nacional (escala 1/50.000) que no se concluyó hasta mediados del siglo siguiente. Como es sabido, un mapa de este carácter y escala contiene amplia información técnica y científica, como la consideración de la altura del mar en Alicante como referencia altimétrica.
Se eligió nuestra ciudad por sus especiales condiciones meteorológicas, climatológicas y de orografía continental y marítima, con un recorrido muy bajo de mareas. Las mediciones se iniciaron en 1871 desde un Mareógrafo instalado en el puerto, y del que todavía se conserva un pequeño, y olvidado, edificio en la bocana del muelle de levante. La referencia visible del primer punto de nivelación de la Red Geodésica Nacional se encuentra sobre una placa de bronce fijada en el primer escalón de la escalera principal del Palacio Municipal de la ciudad, que señala una altitud de 3,4095 metros sobre el nivel medio del mar en Alicante: la verdadera «cota cero».
Proponemos que se proyecte un Centro de Interpretación permanente de la «Cota Cero» en el que partiendo de aquel hecho histórico, junto a contenidos de historia de la cartografía, se muestren y expliquen fenómenos relacionados con los movimientos del mar desde la dinámica litoral y clima marítimo a los efectos del cambio climático. Su ubicación podría estar vinculada al puerto, aunque el singular edificio del Instituto Geográfico en Campoamor proyectado por el ingeniero de caminos portuario Próspero Lafarga a principios del XX podría ser también una buena localización.
Este sí sería un «gesto a favor del mar» que, unido a otros, contribuiría al reencuentro de la ciudad con su extraviada identidad marítima.
(*) Firman también este artículo: Mercedes Ortiz Gracia, profesora de la Facultad de Derecho de la UA y Enrique Aparicio Arias, profesor de Ingeniería Cartográfica de la UA.

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