04 de septiembre de 2014
04.09.2014

El dilema de UPyD

03.09.2014 | 23:07
El dilema de UPyD

Sosa Wagner ha destapado la tapa de los truenos. Hace mucho que los votantes moderados estábamos esperando este debate. Es muy difícil votar a un partido que no va a resultar determinante, tienes que sentirte muy cabreado para «tirar» el voto. Las últimas europeas, con la portentosa irrupción de Podemos, ha demostrado que estamos cansados del comportamiento de la casta, que sigue como tal a pesar del castigo recibido y de las noticias que las encuestas apuntan. Yo me alegro del crecimiento de los «bolivarianos», pero no quiero que me gobiernen, me contentan como respuesta, como corte de mangas a tanto inútil institucionalizado, a tanta desvergüenza, a tanta incapacidad. Muchos hemos perdido toda esperanza de ver en el PP un atisbo de regeneración, faltaba su intento de cambiar la ley electoral, una trampa para perpetuarse a costa de deslegitimar más aun el sistema.

Casi ninguno de los que hemos votado a UPyD en alguna elección entendemos qué les impide intentar unir fuerzas, pero menos ahora que los resultados dicen bien a las claras que seguir separados es apostar por la intrascendencia. Me niego a creer que el señor Sosa Wagner no haya comentado esta posibilidad antes, como me consta que miembros destacados llevan tiempo valorando esa posibilidad, aunque sea más como necesidad que como deseo. Por ello la respuesta desabrida de Rosa Díez, del señor Gorriarán o de Irene Lozano, de quien vivo cautivo, me defraudan profundamente.
UPyD tiene activos realmente valiosos, uno de ellos es Fernando Sabater al que definen como el faro del partido y que ha pedido públicamente lo mismo desde la independencia que da no aspirar a nada más que al bien de España. ¿Por qué no le atacan y le zahieren a él? Quizá porque tiene razón y no pueden echarle en cara cobrar de ningún cargo dependiente del partido. Sé que unir dos formaciones, por similares que sean sus propuestas, es realmente complejo y genera tensiones enormes; abre cuestiones como las siglas o el modelo organizativo, pero pone encima de la mesa otro más peliagudo, quiénes van a ocupar los primeros puestos en cada escalón (nacional, autonómico y municipal) y otro esencial, quién liderará la nueva formación.

Irene Lozano, de quien soy esclavo, cuestionaba la idoneidad del cabeza de cartel europeo y creo que tenía razón. Tanto él como Aleix Vidal Cuadras en VOX despedían, injusta o certeramente, aroma de «ancien regime» y la reciente encuesta de Sigma Dos revelaba la mayor sintonía de la gente con los líderes más jóvenes, harta de tantos años de pasteleo. Y esto beneficia a Albert Rivera y perjudica a Rosa Díez, que no entendió a su candidato cuando hablaba de malas prácticas, pues se refería a los enredos de las agrupaciones locales y autonómicas, que están alejando a muchas personas ilusionadas con este partido. En todas las organizaciones tienden a alojarse parásitos, vividores y mediocres que ponen muros a cuantos con su valía puedan cuestionar su estatus, y en el partido de Díez eso hace mucho que ocurre según denuncian los afiliados que huyen. Admiro a Rosa Díez, sin embargo, a riesgo de parecer injusto, creo que el mejor servicio que puede hacer es liderar la unión con Ciudadanos y ceder el primer puesto. Es duro hacer la travesía en solitario y cuando se ve la meta dejar que otro reciba el premio. Ella quedaría como un referente para la política nacional de primer orden si, tras formar una alternativa de gobierno real, renunciase a ser la candidata y se conformara con formar parte del parlamento o del futuro gobierno. A Fraga le pasó lo mismo. Nadie podría esgrimir el espantajo del transfuguismo, del oportunismo ni de la contradicción, tan mendaz y tan eficiente.

UPyD debe dar el paso. España no puede quedar a expensas de Podemos, que está bien como agitador pero sería un desastre como gobierno. El PP y el PSOE necesitan un partido moderado, liberal y nacional para pactar. Seguir dependiendo del chantaje nacionalista, de la cleptocracia convergente es mucho riesgo. Y entonces sí, reformar la LOREG, que no cueste un diputado del PP o del PSOE 60.000 votos y uno del grupo magenta (UPyD) 240.000. Por no hablar de que a Bildu quizá le sobre con 50.000 votos.

Cómo no, mi último pensamiento para Irene Lozano, mi favorita, quien señala a Rajoy por querer arreglar un problema inexistente: Más del 90% de los ayuntamientos tienen de alcalde al candidato de la lista más votada. El PP no puede manchar más la política con un fraude, ese no es su camino ni lo que esperamos de él.

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