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31 de mayo de 2014
31.05.2014

Tercera edad

31.05.2014 | 00:10
Tercera edad

La crisis de la familia y la longevidad otorgada por el progreso han creado una sociedad con más ciudadanos indefensos: esos que el eufemismo califica de «tercera y cuarta edad», y que ya forman los tramos más largos de la vida.

Ley de Naturaleza es que el hijo se independice del padre, o el discípulo del maestro, para configurar su propia identidad. Y ley de naturaleza humana debiera ser que hijo, discípulo y similares mostrasen respeto y agradecimiento por el cuidado recibido durante los años de aprendizaje para esa independencia. 

Matar freudianamente al padre o al maestro es una necesidad síquica; pero no por eso deja de ser un crimen cuando, en vez del respeto y agradecimiento por tales cuidados, se le descuida u olvida... hasta la hora de recoger el legado de su testamento. 

Somos lo que hemos aprendido y aceptado como propio. Y no parece sino impropio «matar», sin más ni más, a quien nos ha hecho y sin el cual no seríamos. Entre los animales existe un equilibrio instintivo en la reciprocidad del «te doy» y el «me das»: te doy puesto que me diste; te acompaño porque me acompañaste.

Tampoco parece muy propio de las personas utilizar la razón para encontrar «razones» inhumanas que defiendan el egoísmo de «no voy a dejar de vivir mi vida porque se te acabe la tuya. ¡No querrás que me quede y te soporte mientras te llega la muerte!».  

¿Qué mundo insensible es este en el que los padres sienten la necesidad imperiosa de cuidar a los hijos y, sin embargo, los hijos, desertando de su deber, suelen abandonar a los padres cuando ya no los necesitan? «El arte de envejecer es el arte de conservar esperanzas», decía Maurois. Pero, ¿qué esperanza puede tener quien es desahuciado por su propia descendencia? Es como tirar de la mano –para que caiga al río– a quien nos ha enseñado a nadar cuando él ya no puede hacerlo solo. Si abandonar o maltratar a un niño es un delito ¿por qué no lo es desterrar del calor familiar a los abuelos?

Poco respeto puede sentir por sí mismo quien no siente un respeto agradecido por aquellos a quienes casi todo se les debe.

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