05 de marzo de 2014
05.03.2014

Una reflexión ante el aborto

05.03.2014 | 00:09

Pocos temas hay en la actualidad que despierten tanto debate y crispación como el aborto. A través de los medios de comunicación, se puede observar un enfrentamiento, sin diálogo constructivo, entre dos posturas no exentas de condicionamiento ideológico y que claramente se identifican con la izquierda –a favor de la situación legal del aborto- y la derecha en contra de la misma (con los matices que se quieran). En este debate, existe una cierta manipulación del hecho mismo del aborto (que siempre será un drama para la mujer que lo lleve a cabo), ya que se quiere presentar como un pulso entre los partidarios del progreso (de los derechos de la mujer, etcétera), y los que se resisten a tal progreso, enrocados en sus convicciones religiosas o morales.

Evidentemente este planteamiento del problema del aborto no es aceptable, por la falsedad de las premisas que se establecen en el mismo debate. Ni se trata de un progreso (antes bien, sería un fracaso al no poder ayudar a una vida humana a que llegue a su término), ni tampoco se trata de un empecinamiento religioso, refractario a cualquier sensibilidad de la humanidad doliente (en concreto, la mujer). Me parece más constructivo plantear la cuestión del aborto desde una reflexión propia, teniendo en cuenta algunos de los conocimientos que hay en torno al ser vivo, alojado en el seno de la madre, con una vida independiente de la misma.

Efectivamente, lo primero que hay que valorar es la entidad del embrión; precisamente, las técnicas de fecundación in vitro permiten ahora conocer qué sucede minuto a minuto, tras la fecundación, de un embrión humano y cómo en las primeras 24 horas el cigoto se desarrolla como un cuerpo (no como un montón de células iguales), y se definen muchos aspectos esenciales del nuevo ser. Por tanto, ¿qué dice la ciencia del embrión humano? Afirma que es el mismo individuo humano el que existe en la vida embrionaria, en la juventud o en la ancianidad; el cuerpo cambia continuamente desde el inicio a la muerte, pero mantiene su identidad.

Es evidente que se trata de una vida humana y debe ser respetada y protegida: «Guardaré respeto absoluto a la vida humana desde su concepción» (dice el juramento de la World Medical Association, fundamentado en el Juramento Hipocrático, s. IV a. C.). También la Constitución Española en su artículo 15, dice que «todos tienen derecho a la vida». Y el propio Tribunal Constitucional en la sentencia 53/1985, de 11 de abril, tras recordar que el derecho a la vida «constituye el derecho fundamental esencial y troncal en cuanto es el supuesto ontológico sin el que los restantes derechos no tendrían existencia posible»; que «la vida humana es un devenir, un proceso que comienza con la gestación (€) y que termina con la muerte»; termina afirmando que «si la Constitución protege la vida (€) no puede desprotegerla en aquella etapa de su proceso que no solo es condición para la vida independiente del claustro materno, sino que es también un momento del desarrollo de la misma; por lo que ha de concluirse que la vida del nasciturus, en cuánto éste encarna un valor fundamental –la vida humana- garantizado en el artículo 15 de la Constitución, constituye un bien jurídico cuya protección encuentra en dicho precepto constitucional».

La Ley Orgánica 2/2010 («Ley Aído»), establece un sistema de plazos, según el cual, durante las primeras 14 semanas de embarazo se puede abortar sin ningún requisito y hasta las 22 semanas, en caso de aborto eugenésico. Teniendo en cuenta la doctrina del Tribunal Constitucional, ésta ley sería inconstitucional ya que no considera bien jurídico protegido al nasciturus de menos de 14 semanas y confiere a la decisión de la madre una supremacía sobre la vida del nasciturus (no permitida por el TC).

Se puede afirmar que el nuevo anteproyecto de Ley Orgánica de Protección de la Vida del Concebido y de los Derechos de la Mujer Embarazada, al abandonar los plazos para volver al sistema de supuestos, se adapta a la doctrina del TC y, desde el punto de vista técnico, mejora la Ley de supuestos de 1985.

Un apunte final: nuestros políticos tendrían que adoptar medidas que ayuden a las mujeres embarazadas con dificultades, a encontrar una alternativa al aborto. Se debería agilizar el proceso de entrega en adopción y de ayudas económicas a familias de niños discapacitados. Sería más hermoso y saludable para todos.

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