20 de noviembre de 2013
20.11.2013

Una tarde en chimalistac

19.11.2013 | 23:12

Tenía que ser puntual. Al final de dos meses de trabajo, y gracias al mensaje de José Carlos, Elena Poniatowska me recibía en su casa de la colonia de Chimalistac. Una grabadora y una libreta en el zurrón con muchas preguntas para la autora de La noche de Tlatelolco. Alguien del servicio que no ha advertido mi presencia, grita, «Señora Elena, ¿ha llegado ya el españolito?». Al verme, nos reímos. «Creo que el españolito soy yo». «¡Qué joven eres! Espera tantito, que ahorita llega la señora Elena».
Elena baja apresurada las escaleras desde la segunda planta, «¡Víctor! Qué gusto que viniste, ¿te gusta el cine?». «Claro, Elena, muchas gracias por recibirme». «Bueno, pues agarro la chamarra y nos vamos a ver un film alemán, que me espera una amiga. Nosotras te invitamos».
Así que de repente estoy sentado en la parte de atrás del auto de una amiga de Elena Poniatowska atravesando el intenso tráfico de un viernes por la tarde en el DF camino de la filmoteca. «Ahí vivió durante muchos años Juan Rulfo». La lluvia y el embotellamiento de coches van contra nuestro tiempo. «Si te parece regresamos a casa y tomamos un té y un queso picoso, que este chico quería hablarme de algunas cosas, del 68 y Tlatelolco».
Y así comenzó una tarde lluviosa con Elena Poniatowska, que ayer recibió la noticia, al fin, del máximo galardón de las letras hispánicas. «La novela, el personaje al que más cariño guardo siempre será la Jesusa Palancares de Hasta no verte, Jesús mío», de 1969, que junto con La noche de Tlatelolco, publicada en 1971, donde reinventa la crónica como género literario ante la tragedia del 2 de octubre, configuraron las definiciones narrativas de esta periodista de la literatura comprometida que ha escrito en las últimas décadas el retrato social e intelectual del México contemporáneo.
«No puedo dejar de escribir, Víctor, ya tengo varias ideas y otras novelas empezadas. Si paro de escribir, esto se acaba». Incansable, con la pasión de quien quiere transformar el mundo, trágica, íntima, sincera, la literatura de Elena Poniatowska. Enhorabuena.

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