14 de febrero de 2013
14.02.2013

En el aula causal

14.02.2013 | 06:00

-Profesor: ¿Por qué y para qué estudiar, por qué es mejor aprender que ignorar?,  preguntáis... Esta es mi respuesta: 
El ser humano es el animal que más tiempo biológico necesita para independizarse de su madre, desarrollarse en cuerpo y mente, adquirir un criterio propio y poder decir "éste soy yo"; necesita nada menos que unos 200 meses. Pensemos lo que eso significa para nuestra vida: 20 años para convertirnos en auténticos adultos; 20 ó 25 para construir y afianzar una vida fértil y agradable; otros 20 ó 25 para mejorar,  gozar y nostalgiar los frutos cosechados los años anteriores. En resumen, siete décadas, por ejemplo. 
- Diana: Ahora se vive más y mejor...
- Profesor: Precisemos, Diana: ahora cumplimos más años y disfrutamos de mejor salud. Lo del bienestar, lo dejamos para otro día. Y continuemos -silogísticamente, deductivamente, como siempre-: no viviríamos el último tramo si no estuviésemos vivos durante el segundo, y...
- ...que no somos niños, profe... -interrumpe Diana, olvidando que debe levantar la mano para intervenir-.
- ... Y no viviremos bien el segundo tramo -ni el tercero- si durante el primero no hemos plantado todas las buenas semillas que fructifican después... Sandra, ¿qué es inevitable deducir de esto?
- Sandra: Que el primer tramo es el más importante, o el determinante del resto de la escalera. 
- Y tú, Pablo, ¿qué harías si fueras a construir una casa, o una escalera?
- Pablo: Reforzaría los cimientos y aseguraría el primer peldaño...
- Profesor: Bien... Dejemos las parábolas y vengamos a la vida: confieso que durante muchos años he dicho -acogiéndome a la cita de Diego Torres- que "cuando quiero viajar leo un buen libro", porque cada libro es un viaje a la vida de un hombre. Pero, aunque hay que leer, la vida es más que la palabra. Por tanto, hay que vivir sin malvivir... Imaginemos ahora que todos vais a hacer un gran viaje. ¿Quién se quedará en el hotel, "a la bartola", en vez de salir y traer los ojos llenos de imágenes, los oídos llenos de músicas, la mente plena de experiencias con las que cultivar recuerdos y plantar proyectos? 
- María: ... me apunto ya a ese viaje. ¿Cuándo salimos...?
- ... Pues ahí tenéis la respuesta a vuestra pregunta inicial. La vida es el gran viaje. Y aunque sea un viaje no solicitado, la vida nos ofrece todo lo que un itinerario infinito nos puede otorgar. ¿No sería de necios permanecer "a la bartola" mientras el viaje fluye, en vez de llenar las maletas de la existencia con cuantos frutos y semillas encontramos, con paisajes -y libros-, realidades y sueños, conocimientos, en fin? Creo que nadie tiene derecho a malgastar la única energía racional dotada de voluntad propia y fértil. Quien lo hiciese sería esclavo de la vagancia, la inutilidad y el desprecio por lo desconocido. ¿Cómo despreciar ni lo más nimio de lo desconocido, si la historia es una sucesión de descubrimientos? La vida es un misterio que hay que descubrir. Hay misterios que defraudan y otros que son tesoros. ¿Quién no quiere ser rico en experiencias que enriquezcan su vida? ¿Quién rechazará la mejor compañía? Pues la vida no es solo un viaje, sino nuestra mejor compañera de viaje y, a la vez nuestro único camino. En ella están la sed y el agua.  Cuanto más y mejor la caminéis, mejor aprenderéis a andar y almacenar estrategias. Y este es el momento de llenar la cantimplora y las alforjas. Solo así es posible desmentir la conocida frase de M. Heredia: "Nos pasamos media vida queriendo acertar, y la otra media lamentando nuestros errores".

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