23 de diciembre de 2012
23.12.2012

Un futuro en igualdad

23.12.2012 | 06:00

Este verano pasado descubrí un video fascinante en el que Riley, una niña estadounidense de 4 años, mostraba toda su indignación en una juguetería por la imposición a las niñas del color rosa y de muñecas de princesas, denunciando que eso de hacer los juguetes de color rosa es una estrategia que usan las empresas para engañar a las niñas a fin de que compren lo que los niños no quieren comprar. En definitiva, Riley estaba cuestionando a las personas adultas, que son quienes deciden estas cosas. No tienen más que echar un vistazo a los catálogos de juguetes para comprobar que esta pequeñaja tiene más razón que una santa. El mercado ha encontrado un filón en la perpetuación de la desigualdad. Patriarcado y capital, una alianza criminal.
Pues bien, hace unas semanas me ha fascinado otro video, esta vez protagonizado por dos niños de una edad aproximada a la de Riley, que utilizan una lógica aplastante. Uno de ellos pregunta: "¿por qué jugar a los coches es de chicos si las chicas también conducen?". Hala, respondan a eso, porque como no sea que vivan en Arabia Saudí, difícil van a tener encontrar una respuesta mínimamente coherente. El otro niño dice a continuación: "Todos los padres y las madres del mundo, cuando los niños nacen chicos, les ponen de azul, de verde y si son chicas de rosa, de lilaÉ". Se tapa los ojos y mueve la cabeza en un gesto de desesperación para hacer una pregunta que él mismo se contesta de inmediato: "¿Quién lo ha decidido? Los padres de los padres de sus padres de los padresÉde alguien". Como afirma la científica María A. Blasco, la asignación de colores diferentes para niñas y niños "no tiene ninguna base racional, y por lo tanto es fuente para las emociones más irracionales". Pero lo cierto es que mediante la imposición del color rosa a las niñas se inculcan y reafirman todos los roles y estereotipos de género, dibujando unas asfixiantes y marcadas identidades masculina y femenina.
Piénsense eso de los regalos. Piensen que los juguetes y los juegos educan. Piensen que la educación es una tarea social que determina el futuro y que, en buena parte, recae sobre las familias y las escuelas. Piensen que si no educamos en igualdad no podremos conseguirla nunca. El video de los niños al que me he referido forma parte de un magnífico proyecto coeducativo titulado "La peluca de Luca", una herramienta didáctica tanto para docentes como para familias. El objetivo: el libre desarrollo de la personalidad, sin sujeción a estereotipos y prejuicios adscritos al sexo. O, lo que es lo mismo, un futuro en igualdad a solo un clic en http://lapelucadeluca.com.

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