16 de agosto de 2012
16.08.2012
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Una muerte certificada

16.08.2012 | 07:00

El triunfo de la maldad es nuevamente auspiciado por los que de siempre han perseguido las ideas que pudieran descubrir los humildes sentimientos del pueblo. Por eso, el legado hernandiano ha emigrado a otras tierras, como antes ocurrió con su familia y con él. Los herederos de sus memorias y poemas se han dejado llevar por quienes demuestran amor por su obra y se han comprometido a tratarla con el afecto que sólo quien bien lo quiere lo hace.
En Elche querían el legado para hacerlo dormir en los cajones y que no salieran mucho a la luz los principios que fundamenta su obra. Alicante y su Diputación, como comparsas activadores del freno, porque nunca quisieron las cosas de Miguel; simplemente, cumplieron las órdenes del disimulo impuesto desde Valencia. Y en Orihuela, su Fundación ha sido un artilugio creado como pago de favores electorales, en un principio, gastadora de millones de euros en tiempos de bonanza y en base a las fotocopias, viajes y hermanamientos de dudoso éxito, pero muy fabulados mediáticamente.
Orihuela, en la actualidad, este pueblo dormido y atascado, no ha sabido cómo hacerse con su legado. Limitaciones del gasto, capacidad de inversión, el miedo a tomar una decisión que después de hecha fuese deshecha por los mismos detractores y actores de Valencia, Alicante, Elche o sus satélites locales, o el miedo de sus dirigentes actuales a su capacidad para desarrollar y mantener el proyecto cultural al que se tenían que comprometer. Todo ello ha conducido a que el legado hernandiano se haya ido a Quesada, en Jaén.

Ahora todo son condolencias a destiempo, falta de gestión y de seriedad de las mismas y un detalle que pasa algo desapercibido: la cuestión económica, todos hablan de dinero menos la familia, a los que nunca se ha escuchado o leído, que exija cantidades específicas y sí se han visto sus exigencias en cuanto a la promoción, difusión, conservación y respeto por el legado. Con eso, es posible que pretendan sus herederos alejarse de los depredadores hernandianos, esos que se han acercado a ellos con la excusa de su admiración a Miguel para escribir libros, tesis y otras actividades que han explotado y vendido única y exclusivamente para su lucro personal.

Ahora, todos son excusas baldías y absurdas. Incluso, algunos quieren reavivar la memoria de otros poetas locales importantes a los que en tiempos pasados a penas sí les han dicho: "¡Buenos días!", al pasar por su lado. Al menos la familia de Miguel demuestra su distancia con las autoridades locales, pero no con sus ciudadanos, pues será un docto oriolano que siempre ha creído en Miguel Hernández, Francisco Escudero, quien dirija la Fundación Hernandiana con su legado incluido en Jaen.
Entre tanto aquí en Orihuela, "Tu pueblo y el mío", nos conformaremos con agitar y revolver las hojas de su higuera y sus fotocopias y celebraremos, según quien mande, la efeméride de su nacimiento y de su muerte, aunque la muerte de su legado para Orihuela esté prácticamente certificada.

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