25 de mayo de 2012
25.05.2012

Shakespeare en music-hall

26.03.2012 | 07:00

"Noche de Reyes".
Teatro Principal de Alicante.
De Shakespeare.
Versión: Yolanda Pallín.
Compañía: Noviembre.
Dirección: Eduardo Vasco.

Esta comedia romántica, estrenada a principios del XVII, la escribió Shakespeare con el fin de ser parte de las celebraciones de la Epifanía en la antigua Inglaterra. La versión libre de Yolanda Pallín realza el optimismo y la vitalidad en medio de los gozos y las tristezas inherentes a la realidad humana. Noche de Reyes adopta el aspecto del music- hall de los años 20 con algunas viejas melodías en el ámbito de una serie de enredos y equívocos. Las falsas identidades y el uso del disfraz tienen la raíz latina de Plauto y una fuente en la que se apoyó el dramaturgo. Uno de los breves relatos de Historias, de Mateo Bandello. La adaptadora y el director Eduardo Vasco han tenido en cuenta que el inmortal autor incluye composiciones para ser cantadas en piezas que fueron, de algún modo, precursoras de los espectáculos donde se mezclan la canción popular, la comedia y el baile en consonancia con el vodevil americano y lo que fue la revista española. Tras siete años dirigiendo la Compañía Nacional de Teatro Clásico, Eduardo Vasco ha vuelto a reunir a su compañía Noviembre con el montaje de una obra que queda convertida en algo propio para acercarla mejor al gran público. Dos gemelos, hombre y mujer, se separan por un naufragio. Ella se disfraza de varón y sirve al duque. Pues sí. El hermano sale a flote posteriormente. Beatriz Argüello está moderada y sólida en su masculina tarea. En aquella época los papeles de mujer estaban interpretados por jóvenes actores, ya que ellas tenían prohibido actuar. Por su parte, Francesco Carril nos exhibe soltura y rigor, atributos que no le faltan al bufón cantarín, el veterano Arturo Querejeta. Entre otros, Daniel Albadalejo, Rebeca Hernando o Héctor Carballo ofrecen seguridad en un conjunto con el buen ritmo y la perfecta coordinación que imprime Eduardo Vasco. Los líos de amores y la ambición poseen trazos farsescos que se pasan de tueste en ciertas ocasiones. El vestuario de Lorenzo Caprile, las cortinas, los telones, el piano de Ángel Galán y las luces constituyen un ambiente sobrio y festivo con la buena teatralidad de unas escenas insustanciales. De un teatro ajeno a las cuestiones de hoy.

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