25 de abril de 2012
25.04.2012

El no saber como panacea

25.02.2012 | 06:00

Cuando estás embarazada, si todo va bien, es una época feliz. Pero ninguna gestante que tenga el suficiente sentido común puede dejar de sentir un cierto miedo ¿estará bien su hijo? La medicina ofrece soluciones para el no saber; la ignorancia es quizá la enfermedad que más gente ha matado. Análisis, amniocentesis, ecografías. Todos estos métodos científicos ayudan a saber lo que ocurre al niño mientras se desarrolla. Cuando nace más dudas te asaltan ¿estará sano? ¿Será como los demás? Y otra vez la medicina te rescata de la angustia. Ver pinchar el talón a un recién nacido es una experiencia ambivalente. Por un lado te parece una barbaridad ver caer esa sangre tan roja del piececillo. Por otro lado, la espera de los resultados, y casi siempre, la alegría de las buenas noticias. La pediatría ha evolucionado lo bastante para que enfermedades, algunas de ellas raras estadísticamente, se detecten en las primeras semanas para poner en marcha los tratamientos que si no curan, al menos palian sus efectos. Son muchas de ellas gravísimas, con efectos incapacitantes. La prueba del talón era un diagnóstico precoz efectivo que se había convertido en un protocolo. Pero los recortes también llegaron aquí y de las enfermedades que se detectaban (hasta treinta en algunas comunidades autónomas) en Castilla La Mancha se han quedado en tres. No se deja de hacer la prueba, dicen las autoridades, pero depende de dónde nazcas si tienes una enfermedad congénita rara tendrás más posibilidades de sobrevivir o vivir mejor. El problema es el dinero, en este sentido nos alerta el doctor Ramón Garrido, jefe de Pediatría y presidente del Colegio de Médicos de Ciudad Real, responsable de un estudio presentado en 2010 para la ampliación del cribado neonatal. El dinero que es mucho o poco según para lo que se use. El Ayuntamiento de Málaga realizará una exposición sobre la sábana santa que costará unos 20.000 euros, ¿caro? ¿Barato? Idéntica pregunta para el superior de Camps, sobre su servicio público, al que ha vuelto siete meses después de dimitir sin que nos quede constancia de que le vayan a aplicar normas de absentismo laboral, o yendo más cerca los concejales de Torrevieja que cobran a razón de 18 euros/minuto. Seguramente hay muchas razones políticas que se esgrimirán con firmeza para justificar que haya habido un retroceso de tal magnitud en materia sanitaria. Cada estudio del neonato puede costar unos treinta euros por patología y desde luego las fuentes médicas opinan con evidente sentido común que los diagnósticos precoces y sus tratamientos son siempre más baratos y que muchas veces representan la diferencia entre la vida y la muerte. Porque el sufrimiento no se puede medir económicamente. El sufrimiento de las familias y de la criatura es un daño colateral que no se contempla en este sistema sanitario que se desmonta pieza a pieza.
Los médicos no creen en la fatalidad y por eso nos ponemos en sus manos cuando las cosas no van bien, su resolución consiste en buscar causas y atajarlas. Ahora las soluciones no las dará el médico, sino el burócrata que ha decidido que no saber -arma letal por excelencia- es lo que nos toca, que no habremos de tener tan mala suerte. Siempre se puede invocar la Divina Providencia. 30 euros por encauzar una vida. Y les parece caro.

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