24 de noviembre de 2011
24.11.2011

Escuchemos a los jóvenes

24.09.2011 | 07:00

Concierto de la JONDE. Festival de música de Alicante. Obras de Cervetti, Santacreu y Schnittke. Joven Orquesta Nacional de España. Jordi Bernàcer, director; Magdalena Llamas, soprano; María Teresa Chenlo, clave. Lugar: ADDA.

A más de uno, de esos a los que elegimos cada cuatro años, le habría venido muy bien haber sido músico (no lo son aunque muchos de ellos den el cante) y haber participado en su juventud en la Joven Orquesta Nacional de España. Y no lo digo por eso de los principios (esas cosas dependen tanto de la familiaÉ). Ni por lo de los famosos recortes en educación (porque, claro, junto a los recortes habría que recordar lo poco que se ha invertido en ella cuando estaban las vacas bien gordas). Ni, por supuesto, por lo del respeto al prójimo (aunque nadie se crea ese circo de descalificaciones en el que viven). Lo digo por lo sencillo que es, cuando se tiene la intención de hacer bien las cosas, gestionar instituciones con talento, efectividad y productividad. Veamos. El funcionamiento de la JONDE es tan elemental como efectivo: realizan una serie de encuentros periódicos que se dividen a su vez en tres fases. En la primera se trabaja en repertorio por partes o secciones con algún profesor de prestigio. A continuación ensaya el tutti con el director invitado y para terminar se realiza una pequeña gira de conciertos. El resultado es espectacular. La sincronización en los ataques, la afinación, la precisión rítmica, la riqueza y concreción en el color unido a la pasión, el entusiasmo, la vehemencia y la ilusión la hacen sonar mucho, infinitamente mejor, que muchas orquestas que se llaman profesionales.
Pero hay otro punto por encima de este. El respeto y la admiración que se tienen entre compañeros sobrepasa la amistad para ponerse a la altura del hermanamiento. El programa, por cierto, entretenido como ninguno. Con obras de Sergio Cervetti. Compositor que tiene la sana intención de hacer lo que le da la gana cuando le da la gana (en el más noble de los sentidos) ocupó la primera parte con dos obras de caracteres opuestos como si de dos compositores se tratara. Genial. En la segunda parte escuchamos De la belleza inhabitada. En contra de la cursilería del título es una obra de una fuerte carga expresionista que viene a demostrar que Javier Santacreu es posiblemente uno de los compositores de más talento que ha nacido en esta provincia en los últimos años. El concierto terminó con una Sinfonía nº 7 de Alfred Schnittke tan brillantemente tocada por la orquesta que me estoy empezando a retractar de lo que he dicho al comienzo. Mejor no meterlos (a los de cada cuatro años) en la orquesta. Seguro que no todo iba a funcionar tan bien.

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