06 de noviembre de 2011
06.11.2011

Provocando la ilusión

06.11.2011 | 06:00

Se habla tanto de la madurez de los destinos turísticos que finalmente no existe ningún lugar desarrollado, consolidado al pasar de los tiempos, que no sea catalogado como maduro. Pero no en el sentido de plenitud, de experiencia, de supervivencia o de capacidad de adaptación a las necesidades que imponen los mercados, conceptos todos ellos que implican mérito, sino que más bien los estamos calificando como destinos obsoletos, agotados y con poco futuro, a no ser que se transformen y se pongan al día, que se reformen e incorporen todas las innovaciones existentes, que se preparen para el futuro.
Ni qué decir tiene que en este paquete de "maduros" se incluye a todos los destinos de la costa que (vaya por Dios) es el ámbito territorial en el que se encuentra el 98% de la recepción de visitantes de nuestra comunidad autónoma, donde se encuentran todos los municipios que por su éxito han perdurado en el mercado y siguen triunfando y manteniéndose con una actividad fuera de toda duda. Este panorama nos conduce a establecer que todo (o casi todo) nuestro espacio turístico está imperiosamente abocado a plantearse una urgente renovación ya que la caída de los municipios de nuestras costas en esta especie de muerte anunciada llevaría a la ruina al único sector que en estos momentos nos queda vivito y coleando. Y eso si que no. Tanto los planes estatales como los autonómicos, provinciales y locales plantean afrontar la tan cacareada renovación (con escaso éxito, todo hay que decirlo). Es más, la mayoría de los ciudadanos que habitan en estos lugares son conscientes de lo que hay que hacer e incluso tienen sus planes de actuación perfilados para ello. ¿Qué español no lleva una selección nacional de fútbol en su cartera? Pues en esto lo mismo.
Pero, mira por dónde, hace escasas fechas, se descuelga Antonio Manuel Puchades con una amplia propuesta capaz de transformar Benidorm y darle una sacudida importante a la somnolencia generalizada que afecta a esta ciudad en los últimos tiempos. A ver, ¿quién no ha manifestado alguna vez la necesidad de aplicar una cierta dosis de innovación a la ciudad que otrora fuera la avanzada del atrevimiento? ¿Quién no echa de menos aquel espíritu de los pioneros que en seis meses construían 25 hoteles nuevos, una plaza de toros, un mercado, la mejor sala de fiestas, un parque acuático, avenidas espectaculares? Pues, he ahí la respuesta. Toma multiproyecto. Toma bofetada.
Con su osadía y su mecenazgo Puchades no sólo ha aportado una lista de ideas bien razonadas por un equipo de excelentes técnicos (no vayan a pensar que se lo ha currado él solito) con el profesor Armando Ortuño Padilla encabezando un nutrido y documentado equipo; lo que yo creo que él ha pretendido es transmitir una ilusión. Para ello ha elegido el camino de la provocación y del debate, huyendo, sobre todo, de la indeferencia e intentando librarnos del insulso "menfotisme" actual. Así se dijo durante la presentación y eso deduzco yo analizando las propuestas.
Por eso sería lamentable no reaccionar ante los interrogantes que nos sugiere el estudio presentado. No hay más que reparar en alguna de las frases que presiden su portada. Como título: "La libertad de Benidorm" y como hilo filosofal: "Rumbo a ilusionantes realidades" o "la ciudad de la libertad sin las imposiciones de otras ciudades". Convendrán conmigo que desde el principio nos están instigando a opinar con libertad para coincidir, discrepar, incrementar o reducir sin ataduras ni convencionalismos. Sólo un temor se observa: la indiferencia. Demos paso pues a nuestras preguntas, despejemos las dudas y librémonos del impacto recibido. Opinemos. "¿Sería beneficioso?" "¿Nos gustaría que se hiciera?" "¿És demasiado?" "¿És insuficiente?" "Yo quitaría tal cosa". "Yo añadiría tal otra". "¿Se podría hacer?" "¿Habría alguien interesado?" Estas y otras muchas cuestiones necesitarían de una nueva explicación. Y estoy seguro que la puede haber si las expresamos. Lo que no conduciría a nada es llegar a la conclusión, así sin más, de que "esto es imposible". Esta sería la forma más eficaz de caer en la temida situación expresada por el profesor Ortuño en su frase colofón del acto de presentación: "cualquier cosa menos la indiferencia".
Si los creadores de este imposible que es Benidorm no se hubieran atrevido con el riesgo y la aventura -y quizás con la insensatez-, ahora puede que estuviéramos contemplando una razonable y convencional ciudad como tantas, en lugar de deslumbrarnos con la más singular, eficaz y sostenible de las nuevas urbes turísticas de la costa mediterránea.
No me negarán que al igual que hay corduras insulsas existen locuras ilusionantes.

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