12 de junio de 2011
12.06.2011

De cómo la corrupción insulta a la razón

12.06.2011 | 07:00

Todavía es imposible hacer un análisis definitivo del impacto de las investigaciones acerca del urbanismo alicantino. Me reafirmo en el título de un artículo anterior: "el saqueo de Alicante", pues eso ha sido lo ocurrido; no podemos pensar en términos parciales, sino de una decidida voluntad de repartirse el presente y el futuro de la ciudad entre quienes tenían el poder para ello. Pero ahora los comentarios han de ser fragmentarios y eso retrata lo que sucede: como un espejo roto, la realidad nos ofrece esquirlas de una deriva terrible. Alicante misma está fragmentado, irreconocible como ciudad moderna y democrática. Está el Alicante de El Constructor y el de los subcontratados, incluyendo a los cobardes que yacen con la boca abierta, pero mudos de indignidad, a la espera de miserables migajas. Está el Alicante de unos profesionales de la trampa, y el del resto de sus colegas, silentes y desarmados. El Alicante de los que tienen los teléfonos que hay que tener y el resto que han de hacer los aburridos trámites administrativos dentro de la legalidad. El Alicante que sospechaba y el de los imbéciles embaucados por una ilusoria prosperidad. El Alicante que tiene amigos y el de los parados que hacen colas en el INEM. El Alicante de la ostentación y el Alicante que sobrevive tratando de conformarse con la decencia. El Alicante de los presuntos inocentes y el de los inocentes, ese objeto de burla. El Alicante que pudo ser y el Alicante estrangulado en las fauces voraces de los poderosos.
2.- Nunca pensé que Castedo llegara a tanto. Que se proclame discípula de Alperi no podía aventurar nada bueno, pero leer cómo intenta hurgar en la trayectoria de Ángel Luna, como una criadilla menesterosa de Camps, es de una insidia insoportable. Ella, que acusó a Luna, hace unas semanas, de ser "mala persona". Me la imagino avanzando sola -o con su cortejo de aduladores- en la noche, por el Palacio Consistorial, buscando el retrato del Alcalde Luna para escupirle. Pero la culpa de todo, ya se sabe, es de Rubalcaba. Y no sus indagaciones traicioneras que no respetan la historia de la ciudad ni la dignidad de su cargo. Ni el honor profesional: algo peligroso en la ciudad en la que demasiadas personas han trabajado para Ortiz.
3.- Son presuntos inocentes, claro. Pero nada retrata mejor la calidad moral de Alperi que la conversación en que cuenta a Ortiz cómo le fastidia ir en coche a les Corts y, -¡válgame Dios!-, lo molesto que es buscar aparcamiento, para pedirle los servicios de su chófer. Y, ya de paso, saca burla de que ese hombre tenga un problema físico en una pierna.
4.- Nos enteramos, gracias a la confidencia de otro empresario, de que en determinados ambientes a Ortiz se le apoda "la polla insaciable" por su afán de canibalizar todo negocio. Sutil y educado apodo, como corresponde a las circunstancias. En esta Sodoma en que han convertido Alicante, los ciudadanos han sido las víctimas y, además, han pagado la vaselina.
5.- Son presuntos inocentes, por supuesto. Y seguro que algunas de las inmoralidades exhibidas no son delito. Afortunadamente. Porque una sociedad en la que no se hace distinción entre límites éticos y límites jurídicos, se desliza al totalitarismo. Pero ahí está el problema: algunos, junto con un desvergonzado sentimiento de impunidad legal, han generado un sistema ideológico que excluye toda moralidad pública común. Lo que es otra forma de totalitarismo: su ética no puede ser igualitaria y sólo está a disposición del poderoso, de los amigos; los demás tenemos que conformarnos con envidiar a los que están por encima de toda sospecha. Son superhombres de pacotilla, crapulillas malhablados e impertinentes. Pero son los que deciden lo que es ético y lo que no.
6.- Sostiene Castedo que hasta 2008 era normal recibir regalos. Otra trampa: se pueden recibir regalos de amigos siempre que no repercutan en las arcas públicas. Pero lo que es venenoso es recibir regalos habitualmente de personas a las que afecten decisiones que se deben tomar en función de un cargo. No es lo mismo que un exalumno me regale un libro, que un alumno al que he de examinar me invite a unas vacaciones en su yate. ¿Es tan difícil entender esto? Para algunos sí, porque establecer esa distinción supondría negar la fiesta en que convirtieron la gestión de lo público. Establecer esta distinción razonable significa que entre lo público y lo privado hay barreras infranqueables y que para el honesto político, los amigos no son una excepción a las reglas éticas y jurídicas.
7.- Aparece una novedad: un viaje de políticos a Oporto para reunirse con directivos de Ikea. ¿Estamos absolutamente seguros de que Ikea impuso, como se nos ha dicho, que su tienda y megacentros adyacentes tenían que ir al Plan Rabassa?, ¿no es posible que los suecos fueran inducidos a adoptar esa postura?
8.- Si alguien habló impropiamente en nombre de Alarte en un tema tan grave, ¿qué espera Alarte para expulsarle del partido?, ¿o es que deben autorizárselo Ximo Puig y Ángel Franco?
9.-¿Cuánto ha costado todo esto?, ¿cuánto dinero se ha perdido por las alcantarillas?, ¿cuánto han ganado algunos de manera, al menos, desleal?, ¿alguien ha calculado los daños en la imagen de Alicante?, ¿dónde está la pasta? Islandia tiene menos habitantes que Alicante.
10.- ¡Pobre Ortiz!, tiene los mejores amigos en el poder y sale más perjudicado que nadie del PGOU. Sostiene Castedo que, con el nuevo Plan, controlaría sólo el 30% del suelo, mientras que ahora controla el 80%. ¿Nos lo explica, por favor, con planos?, ¿renuncia al Plan Rabassa?, ¿por qué no lo expuso antes? Otra duda: ¿quién gobernó mientras acumulaba esto?, ¿quién era concejala de urbanismo y, luego, alcaldesa?
11.- Nunca un gobierno municipal en Alicante llegó con tanto poder. Nunca, tampoco, con tanto desprestigio. Un microcosmos de las contradicciones gravísimas de la democracia española. Por fin somos un símbolo de algo.

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