13 de mayo de 2011
13.05.2011

Continúe imaginando usted

13.05.2011 | 07:00

Intentar averiguar la veracidad de un hecho real empieza a ser tan absurdo como cuestionarse la de un hecho de ficción. Ignoro si los manuales de literatura incluyen, entre las numerosas clases de narrador, la del narrador mentiroso. Quizá no, porque la convención, cuando lees una novela, es que lo que te cuentan es lo que hay. Si no te fías de la voz narradora, mal asunto. Tuve, en un taller de escritura, un alumno paranoico que desconfiaba de los narradores de todas las novelas, empezando por el de El Quijote.
-¿Cómo sé yo -preguntaba- que el protagonista del relato de Cervantes vivía realmente en un lugar de la Mancha?
-Lo sabes -le contestábamos- porque lo dice el narrador.
-¿Y si se trata de un narrador mentiroso? -respondía él-. ¿Y si El Quijote vivía realmente en Andalucía y al narrador, por las causas que fuera, le venía bien que viviera en La Mancha?
Como el alumno paranoico argumentaba muy bien, acabó haciéndonos dudar de toda la literatura universal. ¿Quién podía asegurarnos que Madame Bovary y su marido eran de verdad franceses? El ciego de El lazarillo de Tormes, ¿era ciego o se lo hacía? La duda de este hombre poseía una carga de profundidad que daba miedo. Después de hablar con él, ya no podías leer ninguna novela de forma ingenua. Veías narradores mentirosos por todas partes. Nuestro delirio colectivo llegó al punto de imaginar que El Quijote fuera un alemán al que el narrador de la novela, por razones que no logramos averiguar, hacía pasar por español. Cuando el alumno paranoico nos dejó, las clases cayeron en una monotonía atroz. Yo mismo, al poco, dimití e intenté escribir una novela con un narrador mentiroso, un narrador que decía todo el tiempo lo que no era, pero nadie se dio cuenta porque sus mentiras eran incontrastables.
La vida cotidiana está llena de narradores mentirosos. Nos damos cuenta de ello estos días de campaña electoral. La cantidad de mentiras y su grosor han convertido la realidad en una ficción en la que, sin necesidad de ser paranoico, uno cuestiona ya todo lo que le dicen. ¿Cospedal será una replicante? ¿Aguirre se presenta de verdad a la Comunidad de Madrid? ¿Yo voto lo que creo votar? Continúe imaginando usted.

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