14 de enero de 2011
14.01.2011

El futuro pasa por China

14.01.2011 | 06:00

Occidente, nuestro imperio, está en crisis, y aparentemente es económica. Pero si analizamos la situación, veremos que es mucho más grave. Las crisis económicas son cíclicas, y como tal, todas las naciones deberían salir de ellas en cuanto cambia el signo. Actualmente no es el caso, porque Occidente no controla el ciclo económico de esta crisis. Si además, y como está contrastado, sabemos que la mayoría de los imperios han desaparecido por el colapso de su modo de producción, y no por derrotas bélicas, pues entonces es motivo para estar muy preocupado. Todos los imperios nacen, triunfan y mueren.
El deterioro de la economía occidental, y por ende la española, no es fruto de unas "hipotecas basuras" ni del "repentino" corte de la financiación, ni de los mercados, viene de mucho antes. Allá por la década de los años ochenta del siglo pasado, la apertura del mercado chino a Occidente generó una euforia colectiva. Todos veían un negocio rentable e inagotable el alimentar y vestir a 1.200 millones de chinos desnutridos y maltratados por el régimen comunista. Todos estaban convencidos de que la industria de Occidente trabajaría a pleno rendimiento para exportar a China. Por lo menos, esa es la imagen que los medios de comunicación daban a la sociedad para justificar la financiación pública y privada que se desviaron hacia China. Los movimientos obreros y partidos de izquierdas se sumaron a ese entusiasmo colectivo, también querían "exportar" los derechos humanos y la democracia. Claro que la realidad ha sido otra muy diferente.
Para empezar, el sistema comunista chino controla la inversión extranjera y la producción. Y por supuesto no permite ninguna injerencia externa. Esto huele a cooperación, Occidente siempre castiga a los regímenes no-democráticos y también a los que no respetan los derechos humanos, sin embargo con China es diferente. Por otra parte China, con su diplomacia más que bimilenaria, sabe fomentar esa complicidad manteniendo paraísos fiscales para beneficio de los negociantes, que no son otros que los más poderosos de Europa y de EE UU. Es hora de rebelarse y afirmar que la crisis económica es consecuencia de la deslocalización "salvaje" de la producción hacia Asia. Ésta no ha servido para aumentar el nivel de vida del tercer mundo, sino todo lo contrario, el nivel de vida de los trabajadores de Occidente está bajando y la diferencia entre ricos y pobres es mayor.
Esta situación beneficia claramente a los dictadores chinos que se han armado hasta los dientes, y lo más grave es que no hay esperanza de cambio. Mientras que los chinos planifican sus políticas a largo plazo, en general hasta 30 y 50 años, en Occidente los plazos se ajustan a las legislaturas partidistas que son entre 4 y 7 años. Pero también existe otra diferencia muy peligrosa, los modelos de Estado son totalmente opuestos. No voy a justificar el sistema chino acaparador porque no es democrático, pero si a criticar el occidental. Las competencias de los Estados occidentales se están privatizando, esto significa que el poder del Estado, lejos de destruirse, se traslada hacia grupos privados que sólo persiguen su propio beneficio y terminan por dirigir al mismísimo Estado. Por supuesto, este camino es opuesto al Estado de Bienestar, que es el único que garantiza la redistribución de la riqueza entre sus ciudadanos y sobre todo, la paz social. ¿Hemos olvidado los enfrentamientos violentos entre clases sociales de épocas pasadas?

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