11 de julio de 2010
11.07.2010
Tribuna

Cajas, despolitizacióN y privatización

11.07.2010 | 07:00

Con las recientes medidas anunciadas por el Gobierno se cierra un modelo de Cajas que ha perdurado con éxito durante décadas. Aparentemente son las víctimas de los efectos que todavía restan de la crisis financiera internacional y sus ondas expansivas en España. Pero, tal como sostenía en un artículo anterior, una parte del fracaso hay que asignarlo años atrás a las limitaciones y abusos ligados a la LORCA (Ley de Órganos Rectores de Cajas) y la falta de imaginación e iniciativa para abordar proyectos que realmente permitieran dotar de competitividad el tejido productivo de cada territorio.
Tampoco el Gobierno central ha tenido mucha imaginación a la hora de resolver el problema. Se ha recurrido al "modelo italiano" para iniciar una privatización que, en este caso, se vincula a una oportunidad de capitalización considerada imprescindible.
El debate tardío introducido en los últimos meses con las "fusiones frías" siempre he pensado que se quedaba muy corto. Todo apuntaba a que el modelo de las citadas fusiones llevaba implícita una estructura potencialmente privatizadora inspirada en el país vecino. ¿Era la única vía posible? Probablemente no, pero hay que admitir que es un camino muy rápido y fácil, coherente con la globalización financiera. Y poco más.
Puede pensarse que de no haberlo hecho ahora el Gobierno actual, el pacto con la oposición en este tema (frente a la falta de consenso en otros tan importantes o más) delata que la conversión de las Cajas, a más o menos largo plazo, era ineludible en la dirección de la privatización y la toma de influencias y posiciones políticas en este nuevo marco, un tema de superestructura política facilona, vaya. En cualquier caso, desde una perspectiva histórica dentro de unos años se hará un balance político nada positivo para la Comunidad Valenciana.
Cabe reflexionar si el final "político" será el mismo en La Caixa o Caja Madrid, por citar los ejemplos de las dos cajas de mayor tamaño. En una lectura de urgencia, los márgenes de libertad existentes -dentro del marco legal difundido- dejarán en evidencia el grado de compromiso político de cada Comunidad a la hora de mantener o no la estructura de una caja u optar decididamente por su conversión en un banco. Claro, en aquellos casos en los que las "fusiones frías" todavía no hayan desnaturalizado la estructura territorial, algo que políticamente se ha fusilado en gran medida con el propio proceso de fusiones "orientadas" por el Banco de España y cuyos criterios son todo un misterio. Aunque la evidencia ya deja pocas dudas ¿no creen?
Para concluir, conviene recordar que las cajas de nuestro ámbito territorial han sido víctimas también ,en parte, de la crisis del sector inmobiliario. Hace unos meses en la presentación del plan estratégico alertaba sobre la necesidad de ser beligerantes en este sector (ante la sorpresa -y quizás decepción- del público universitario que asistía y que esperaba lógicamente el consabido ¡basta ya de ladrillo, llegó la hora del conocimiento!) Lo malo es que la crisis del ladrillo, junto con la carencia de un plan de rescate y reconversión acabará cargándose muchas cosas... Aparte de las perspectivas privatizadoras de las cajas fusionadas, ya tenemos el anuncio oficial de que el presupuesto universitario de la CV estará congelado durante los tres próximos años...
Y esto no es lo más grave. El gran problema es que nadie está analizando estas cuestiones en términos de competitividad de nuestro tejido productivo a largo plazo y su consecuente generación de crecimiento y empleo. Estamos en un escenario en el que se toman decisiones a corto plazo impuestas por unos mercados financieros, especulativos, interesados y cuya orientación y nula racionalidad viene marcada por un rabioso oportunismo de ganancias especulativas a muy corto plazo, a base de tensionar los mercados.
Y en menos que canta un gallo esta coctelera se tragó a las cajas...Pero no se preocupen, quizás alguien dentro de unas décadas las reinvente nuevamente. ¡Pero sin LORCA, por favor!

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