05 de julio de 2010
05.07.2010

Musical de serie B

05.07.2010 | 07:00

El espectáculo encaja en la serie B no sólo por el formato sino porque resulta insuficiente en todos los sentidos

Poco antes de algunos conciertos del Festival Músicas del Mundo y cuando se sabe que el próximo mes de noviembre está previsto el aterrizaje de otro musical, Chicago, en el coliseo alicantino, los espectadores vieron el sábado El mago de Oz en homenaje a la película del mismo nombre, un clásico familiar estrenado en 1939 e interpretado por Judy Garland. La fantasía y los elementos simbólicos del relato infantil de Lyman Frank Baum han tenido adaptaciones teatrales e innumerables versiones y secuelas. La historia y los personajes constituyen un icono de la cultura popular del siglo XX. Quién no recuerda la mítica canción Over the rainbow, un tema musical de cine elegido como el mejor de todos los tiempos. Los anhelos de un mundo más feliz planean en El mago de Oz con las aventuras de una jovencita en un universo mágico. Una vida en blanco y negro transformada en color más allá del arco iris. Por el camino amarillo, hacia la Ciudad Esmeralda donde reside el mago, circulan ella, el espantapájaros, el hombre de hojalata y un león cobarde. La muchacha quiere regresar a su hogar y los otros desean un cerebro, un corazón y valor, respectivamente, tres cosas que deben existir en cada uno de nosotros. El libreto y la dirección del inglés Alber Ponte han querido poner en pie un renovado montaje en busca de nuevas emociones para sintonizar con el público de hoy. El espectáculo encaja en la serie B no sólo por el formato sino porque resulta insuficiente en todos los sentidos. La escenografía representa las páginas de un cuento que interpretan la madrileña Marta Sam, Javier Muñoz, Zalo Calero, Germán Vigara, Pilar Alonso, Celia Guerrero y Oliverio Satisfecho, quien realiza unos pocos trucos de magia. Los actores cumplen con la expresividad de sus papeles. Las escenas no caen en un exceso de infantilismo pero no gozan de relieve especial. Sólo cinco canciones y la ya mencionada forman la banda sonora de Luis Bomati. Fallos de sonido aparte, la obra difunde la idea de tener confianza en sí mismo o valor para los retos difíciles.

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