13 de junio de 2010
13.06.2010

El recorte de la realidad

13.06.2010 | 07:00

Ha pasado una semana vertiginosa en la que ha cabido de todo, y no enumero para no fatigar. No es extraño que este hiperrealismo acabe por agobiarnos y que andemos a la caza de otras evidencias fugitivas. El lunes pasado, sin ir más lejos, este diario daba como segundo titular a la noticia de la celebración del Corpus el siguiente texto: "Éla festividad católica que celebra la Eucaristía, el sacramento que contiene los verdaderos cuerpo y sangre de Jesucristo, junto con su alma y divinidadÉ". Espero que la definición sea teológicamente perfecta, pero me inquieta no saber si, atendiendo a las nociones clásicas, esto es opinión o información; debe ser información, dada la página en que aparece, espero, entonces, que la noticia, aunque no sea una exclusiva, haya sido contrastada en diversas fuentes. La cosa no tiene ninguna importancia salvo porque es signo de los tiempos: vamos buscando milagros y cualquier ayuda es buena. Pero que nadie lance las campanas demasiado pronto, recuerdo que el artículo 3.1 de la Constitución de Grecia dice: "La religión dominante en Grecia es la de la Iglesia Ortodoxa Oriental de Cristo. La Iglesia Ortodoxa de Grecia, que reconoce como cabeza a Nuestro Señor Jesucristo, está indisolublemente unida, en cuanto al dogma, a la Gran Iglesia de Constantinopla y a las demás iglesias cristianas homodoxas, observando inmutablemente, como las demás iglesias, los santos cánones apostólicos y sinódicos, así como las tradiciones sagradas. Es autocéfala y es administrada por el Santo Sínodo, compuesto por todos los obispos en funciones y por el Santo Sínodo Permanente que, derivado de aquél, está constituido conforme a lo prescrito por la Carta Estatutaria de la Iglesia y con arreglo a las disposiciones del Tomo Patriarcal de 29 de junio de 1850 y del Acta Sinódica de 4 de septiembre de 1928". Mayor precisión imposible, y ya ve usted cómo les va la economía por prácticas contables poco ortodoxas.
El mismo lunes leo un artículo de la secretaria provincial del PSOE de cuyo fondo discrepo, pero que me parece claro y honesto. Sin embargo encuentro unas líneas especialmente conmovedoras: "Las medidas de ahorro que ha propuesto Rodríguez Zapatero son necesarias como las que toma un padre para asegurar el pan a sus hijos en el futuro. Es así de sencillo". Ante estas cosas uno no entiende por qué en el PSOE no dan un cursillo a sus líderes para moderar las alegrías y no decir cosas que acaban volviéndose contra ellos mismos. Porque dichas así nos han convertido a todos en menores de edad, primocomulgantes de un inespecífico Pan de los Ángeles, y transforma el vigor reformista en paternalismo tristísimo, lo que, la verdad, no creo que sea muy euforizante a efectos de conquistar votos. Sobre todo si imaginamos que el abuelo va a ser el FMI o el Banco Mundial. En fin, si somos niños, ya se sabe, siempre queda el recurso a predicar que viene el PP cual terrible hombre del saco. Lo que ya aburre.
Sea por esto o por otra cosa, papá se liberó por unas horas del PP y acudió a visitar al Papa. Don Benedicto, al parecer, le riñó poco, que para eso ya tiene en nómina a otros funcionarios y, además, no hubo mucho tiempo. Ya sabemos que España tirará la casa por la ventana ante los actos electorales que tiene programados la derecha con las visitas papales en los próximos meses, y que el Pontífice se quedó tranquilo, sabiendo que las medidas de ajuste no les van a afectar y que los funcionarios eclesiásticos, pagados con los dineros públicos, podrán seguir insultando tranquilamente al Gobierno socialista, incluidos los monaguillos, que no se sienten representados paternalmente por Zapatero, ay. La verdad es que no sabemos cómo van las finanzas vaticanas y si van a tener que tomar medidas de austeridad como suprimir sacramentos, reducir el tamaño de "los verdaderos cuerpo y sangre de Jesucristo, junto con su alma y divinidad" o acortar los burkas monjiles. Nada se ha dicho de tan importante cuestión, pero no creo que les agobie, que siempre pueden ponerse a recoger limosnas al otro lado del ojo de la aguja o establecer una bula especial para el peaje de camellos.
Pero Zapatero se vino feliz, que ya se lo merece, mecachisÉ ¡si hasta Berlusconi proclama su santidad! O sea, que se vino a recibir las jaculatorias del partido y los parabienes del cardenal González, ante una foto de Pablo Iglesias, que si levantara la cabeza no sé qué clase de pasmo le daría con tanta apelación a la prudencia de los sindicatos. En fin: hubo un tiempo, no muy lejano, en que vivimos en el cielo, en el que el mandato de "creced y multiplicaos" fue inmobiliariamente tomado al pie de la letra, en que las bolsas de treinta monedas circularon sin que a nadie metieran en correa, en que la crisis era maná y los malos indicadores fueron como brotes -verdes- de olivo en torno a tu mesa, Señor. Ahora ya no. Pero lo importante es alentar la caridad como sustitutivo de la justicia social y de los sueños -constitucionales- de igualdad, alentar la fe en lo que no se ve y construir la esperanza a base de gestos desalentados. Seguramente no dé para llenar las Santas Urnas de las Alianzas electorales, pero, al menos, estamos distraídos, que no sólo de fútbol vive el hombre. Hoy mismo celebramos la festividad de San Antonio de Padua, natural de Lisboa, a quien mi suegra le tiene mucha afición. Es conocido el milagro en el que se le apareció el Niño Jesús -al Santo, no a mi suegra-, al que, como buen padre sustituto, mantuvo en brazos toda la noche. Más injustamente olvidado está otro milagro: cansado de hablar a los hombres sin ser atendido, le habló a los peces, que le entendieron perfectamente. Así vamos: sumergidos y boqueantes. El horizonte de la realidad se aleja cada vez más. Y los ángeles de la guarda se rebullen, incómodos.

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