15 de marzo de 2020
15.03.2020
Pensamientos animalistas

Los animales nos hablan

15.03.2020 | 04:15
Los animales nos hablan
los animales solo les falta hablar», dicen algunas personas. Los animales sí hablan, sólo que hay que querer escucharles. 
 
Tomaremos como ejemplo a Minnie, una gatita tierna y mimosa que tenía una amiga en su casa como acogida. Le salió una buena adopción y cuando la llevamos a la que iba a ser su nueva casa, pasó lo siguiente: abrimos la puerta del trasportín en la cocina del adoptante y Minnie salió disparada y se volvió literalmente loca. Se subía por la paredes y le destrozó literalmente la cocina (rompió platos, vasos, arrancó un enchufe, arañó  las cortinas....). Hasta que mi amiga la pudo coger y calmar. Evidentemente nos la llevamos y entendimos que ella no quería quedarse allí. En cuanto llegó a la que hasta ese momento había sido su casa de acogida, la gata se relajó y volvió a comportarse con total tranquilidad. Ella dejó muy claro dónde quería vivir y hubiese sido catastrófico obligarla y no respetarla. 
Los animales nos hablan. Unas veces susurran, y otras directamente nos gritan como en el caso de Minnie, pero siempre, de una forma u otra, expresan lo que quieren y necesitan.
 
El problema real, por tanto, no es la incapacidad de hablar de los animales, sino nuestra sordera emocional para escucharlos, debido a la poca disposición para adaptarnos a sus necesidades. No siempre estamos dispuestos a respetar lo que es mejor para ellos. 
 
Nos sacan de nuestra zona de confort y hacen que se tambalee nuestro ego, al decidir ellos mismos lo que quieren.
En el caso de Minnie, para mi amiga hubiese sido mucho más fácil darla en adopción puesto que era lo previsto, ya que adoptarla le complicaba mucho las cosas. Pero cedió ante lo que la gatita expresó y eso se ha traducido en un animal feliz, porque ha sido respetado.
 
Los animales expresan a través de su comportamiento    y comunicación no verbal muchísimas cosas, prácticamente todo lo que necesitamos saber sobre ellos, para cuidarlos garantizando su bienestar. El problema es que nos cuesta mucho entregarnos a ellos, hasta el punto de modificar nuestras prioridades cuando ellos lo necesitan. 
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