08 de marzo de 2020
08.03.2020
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si ellos hablaran

De ballenas con patas y pelo a delfines que se masturban

08.03.2020 | 04:15
De ballenas con patas y pelo a delfines que se masturban
En el mundo existen niños que nacen con una membrana uniendo sus dedos debido a una enfermedad. En algunas culturas les llaman «los niños del agua» y creen que dichas membranas son como los dedos que poseen los cetáceos en sus aletas, una clara muestra de la adaptación animal al medio.   
 
El mejor ejemplo, como siempre, son las ballenas y los delfines. No siempre vivieron en el mar. Hubo un tiempo en que tenían patas y caminaban libremente por la tierra. Durante mucho tiempo se pensó que eran humanos que, huyendo del mundo, se sumergieron en el mar.  
 
Hace unos meses fueron hallados en la costa de Perú los restos de una antigua ballena con cuatro patas. La misma habría vivido hace más de 40 millones de años y su forma sería parecida a la de un gigantesco castor. 
 
En realidad, es la primera vez que se descubre lo que siempre se supo, que ballenas y delfines vivían en tierra firme como grandes mamíferos. De hecho, hoy en día basta mirar su morfología actual para darse cuenta de que aún conservan estructuras óseas que, aunque ya carecen de uso, hace millones de años les servían para caminar.
 
Sin embargo, lo más sorprendente son algunas de las cosas que nos unen a ellos. Por ejemplo, el pelo que poseen las ballenas y que les ayuda regular la temperatura de su cuerpo o, incluso, yendo un poco más allá, el sexo que mantienen los delfines y, sobre todo, la forma en la que lo practican.
 
No sé si sabían que los delfines, por ejemplo, se masturban. Lo hacen muy a menudo y lo usan, principalmente, como forma de autocomplacerse. Esta singularidad se produce, entre otras cosas, porque los delfines mantienen relaciones sexuales abundantes  por puro placer, sin buscar fin reproductivo alguno.  Para ellos, el sexo ocupa un lugar principal y no se trata de algo monótono. Lo practican en multitud de posiciones y usando la imaginación para ello. 
 
Por eso, no es de extrañar que tantos investigadores se pregunten sobre el verdadero alcance de su inteligencia y, observando cómo tratamos nosotros el medio marino en el que ellos viven, defiendan que son mucho más cívicos y evolucionados que nosotros.
 
Es lógico.
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