13 de octubre de 2019
13.10.2019
Derecho animal

La pérdida de un animal de la familia

13.10.2019 | 04:15
En poco tiempo varias personas de mi entorno han perdido a un miembro animal de su familia. Están devastadas. En estos momentos, en los que comprendo perfectamente por lo que están pasando, su tristeza, su desolación, me viene a la mente la multitud de situaciones a las que nos enfrentamos socialmente tras la pérdida de un animal que ha formado parte de nuestra familia.
 
Pocos entenderán lo que estamos pasando, el dolor por la pérdida, que según algunos estudios científicos puede ser igual al que sentimos por la pérdida de un familiar humano.  En un ámbito donde dicho trance se hace especialmente difícil suele ser en el laboral. ¿Cómo justifico la necesidad de tomarme unos días libres al igual que lo haría tras la pérdida de un familiar humano?, ¿es comprensible que no esté al cien por cien tras su pérdida?
 
En Italia tuvo gran trascendencia el permiso laboral solicitado por una trabajadora para tratar la enfermedad de su perro, permiso que finalmente fue concedido. En España, la asociación Abogacía Andaluza para la Defensa de los Animales, realizó hace meses una propuesta de reforma del Estatuto de los Trabajadores que contemplara los casos de enfermedad grave o fallecimiento de animal del entorno familiar.
 
Dichas propuestas, precisan no sólo un cambio normativo, sino un cambio de la concepción que tenemos de los animales. Es más fácil comprender por lo que están pasando aquellos que han sufrido una pérdida de este tipo si dejamos de pensar en un animal como «algo» que está ahí para entretenernos, o que lo tenemos cuando queremos y luego nos deshacemos de él, y lo consideramos como un miembro más de la familia, evidentemente distinto a lo que pudiera ser un hijo humano o un hermano, considerándolos como alguien, no algo. Del mismo modo, puede parecernos menos extraordinario que un compañero se tome uno o dos días libres para pasar el duelo por la pérdida, si atendemos a que el animal formaba parte de su familia. Un punto de partida para ello puede ser el reconocimiento de su naturaleza como seres «sintientes», con lo que ello conlleva. Porque lo que ellos nos aportan, no nos lo da nadie.
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