29 de diciembre de 2018
29.12.2018

A todos los animales invisibles

29.12.2018 | 01:18
A todos los animales invisibles

Existe un monumento en pleno centro de Berlín denominado «2.146 Steine» que recuerda a todos aquellos que fueron perseguidos durante la segunda guerra mundial. En realidad, está tan escondido que se realizó en secreto y  es invisible.  

Son muchos los turistas que se acercan solo para contemplarlo. Sin duda, merece la pena. Se trata de una plaza formada por miles de piedras. No hay nada más. Ni jardín que la adorne ni estatua que la corone.  Sin embargo, tiene un secreto. Debajo de cada una de esas piedras hay grabado un nombre. Sí, se trata de alguien que fue perseguido durante la segunda guerra mundial.  La mayoría son judíos asesinados en campos de exterminio nazi. Por eso, es un monumento invisible que no está hecho para mirarlo sino, simplemente, para cerrar los ojos y sentirlo.

Con los animales abandonados ocurre igual. La mayoría de perros y gatos son invisibles para la sociedad. Da igual que acaben viviendo en la calle, en un albergue o encerrados en un patio o un balcón. Son animales que, para algunos, sólo forman parte de esas  estadísticas frías y horribles  que demuestran que nacer perro o gato en España es una desgracia como cualquier otra. Los datos son cada vez más dramáticos. Más de 250.000 perros habrán sido regalados esta navidad. De ellos, 6 de cada 10 acabarán siendo abandonados al llegar el verano. Son cifras de record. Pero aún hay más. Durante el 2018, más de 500 personas han sido investigadas o imputadas por maltrato animal. No es solo que se les abandone, es que, además, se les mata de hambre, se les ahorca o se les pega un tiro sin más. Hay que reconocerlo. Somos una potencia mundial en devolver con egoísmo, daño y abandono todo el amor que ellos nos dan. 

Así que, ya saben, prepárense porque, según pasen las fiestas, comenzaran de nuevo a aparecer animales vagando por las calles. Sin embargo, de nuevo, no todos llegarán a verlos. No es una cuestión de vista, sino de corazón. Hay que sentirlos para poderlos ver. Pero, tengan cuidado porque, cuando eso ocurre, pasa como con el monumento berlinés que les comentaba al principio, ya nunca se olvidan. Sus miradas quizás no queden tatuadas en nuestra piel, pero quedan grabadas para siempre en lo más profundo de nuestro corazón.

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