02 de julio de 2018
02.07.2018

La eutanasia de nuestro animal

02.07.2018 | 11:57
La eutanasia de nuestro animal

Como ya hemos explicado anteriormente, es muy importante tomar conciencia de nuestras emociones cuando nos relacionamos con los animales. Pero existe un momento en el que este hecho cobra aún más valor, y es al tomar la decisión de llevar a cabo una eutanasia humanitaria. En este momento la objetividad es necesaria para no cometer errores que puedan perjudicarlos gravemente.

Si hay algo que caracteriza a la muerte a nivel psicológico, es el miedo que los seres humanos sentimos al respecto. No obstante, a pesar de que es una emoción sana y normal en estas circunstancias, debemos ser conscientes de dicha emoción para intentar separarla de la motivación con la que llevemos a cabo dicho acto, tremendamente complicado.

Existen dos miedos fundamentales que se pueden dar en esta situación y que debemos tener en cuenta, para no dejarnos llevar por ellos a la hora de decidir. El primero sería nuestro propio miedo a la muerte y a todo lo que conlleva. Dejarnos llevar por él supone retrasar el momento de tomar la decisión y de facilitar la muerte del animal. Tememos lo que viene después, tanto para él mismo como la separación o duelo que nosotros vamos a vivir. Las consecuencias serían mantener con vida a un animal que necesita ayuda para marcharse, por no atrevernos hacerlo. El segundo sería nuestro propio miedo al sufrimiento. Las consecuencias que genera son las contrarias al anteriormente descrito.

Provoca tomar de forma precipitada una decisión, porque creemos que el animal está sufriendo o va a sufrir y nos asusta. La forma sana y adecuada a nivel psicológico sería intentar dejar nuestras emociones y nuestros miedos a un lado, para poder valorar la situación de forma objetiva, con lo que el animal nos está transmitiendo. Ellos, con su comportamiento, con su actitud y sobre todo con su mirada, expresan su deseo de marcharse o por el contrario, de querer luchar. En resumen, es importante tener en cuenta que cualquier acto o decisión que llevemos a cabo, debe ser para ayudarle a él y no a nosotros mismos.

Evidentemente, todo esto debe ir supervisado y asesorado por el veterinario que lleve el caso.

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