16 de octubre de 2019
16.10.2019

Sáhara, Sahel y noviazgo en la Albufera, las peripecias de las águilas de la Marjal de Pego

Los cuatro ejemplares introducidos en la Marina Alta en junio han sobrevivido a incidentes como el de vérselas con enjambres de avispas o chocar con vallas

16.10.2019 | 04:15
Dos de las águilas pescadoras introducidas en el Marjal de Pego-Oliva.

Llegaron a mediados de junio y han vivido ya mil peripecias. Las cuatro águilas pescadoras reintroducidas en la Marjal de Pego-Oliva (los últimos ejemplares desaparecieron hace 38 años) ya han puesto tierra de por medio. Están en plena migración. A Quillo le costó levantar el vuelo. Él y Lulú lo pasaron mal cuando su comedero se llenó de avisperos. El macho está ahora en el Sáhara. Lulú, eso sí, no ha abandonado todavía la Marjal. Mientras, Luiji, el águila más viajera, ha superado el Sáhara y ha llegado al Sahel. Es incansable.

En su migración al sur, ha hecho jornadas de más de 300 kilómetros. Ha llegado a volar en un día 445 km. En agosto, ya se plantó en Toulouse. Recorrió 1.600 km en once días. Todo apunta a que fue una «migración errónea». Y Marina, la más precoz en volar, tiene un novio en la Albufera. También lleva ya volado lo suyo por el Mediterráneo. Ha estado en el mar Menor, en los embalses de Beniarrés, Bellús y el Sitjar (Onda), así como en Albacete. Cada águila hace su camino, pero, si todo va según lo previsto, regresarán dentro de dos años a criar a la Marjal, que es donde hicieron su primer y titubeante vuelo. Estas rapaces identifican su hogar con el lugar donde baten por primera vez las alas.

El parque natural de la Marjal de Pego-Oliva ha desvelado la evolución de las cuatro águilas. El proyecto es, de momento, un éxito. Lulú, Marina, Luiji y Quillo han sobrevivido. Eso sí, tras su liberación, han visto el peligro cara a cara. Han chocado con vallas de metal y Marina, la más espabilada a la hora de levantar el vuelo, pasó rozando un tendido eléctrico. A Luiji, que se ha revelado como el águila «emigrante», se lo tuvo que rescatar en los primeros días. Mientras, Lulú y Quillo han estado alicaídos (excelente adjetivo para referirse a un ave) y sin fuerzas. Las avispas los hostigaban cuando acudían a los comederos.

El parque de la Marjal ha destacado la gran labor de sus trabajadores y de los voluntarios. Todos, desde los ecologistas a los cazadores, se han implicado en este precioso proyecto de reintroducir el águila pescadora en la Marina Alta. Con todo, estas cuatro águilas deben ser solo las primeras. El experto de la Fundación Migres, Miguel Ferrer, ya dejó claro que para que la comarca recupere a estas aves para siempre hay que liberar a unas 20 por año hasta llegar al centenar.

Las cuatro águilas eran polluelos con pocas semanas de vida cuando llegaron a la Marjal. Ya se les ha despertado el instinto migratorio y todas menos Lulú, que poco a poco va cogiendo fuerzas, están muy lejos de la tierra que les vio volar.

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