13 de noviembre de 2019
13.11.2019
Revueltas

La opositora Jeanine Áñez toma el mando de Bolivia

Asume la presidencia de forma interina mientras Morales denuncia desde México un golpe de Estado

13.11.2019 | 08:50
Áñez, tras declararse a sí misma presidenta.

La senadora opositora Jeanine Áñez es desde este martes presidenta interina de Bolivia, dos días después de la renuncia de Evo Morales, quien denuncia desde el exilio una "autoproclamación" golpista.

Jeanine Áñez llega al poder de forma provisional en un país convulso, con los militares en las calles, ocho muertos y cerca de quinientos heridos desde las fallidas elecciones del 20 de octubre, en una de las peores crisis de la historia reciente de Bolivia.

"El presidente Morales se fue porque quiso, porque no se atrevía a responderle al país, ese fue un acto cobarde (...) ahora está en México queriendo verse como una víctima y queriendo engañar al mundo entero diciendo que lo que hubo en Bolivia fue un golpe", afirmó Ánez en una entrevista con CNN en Español, la primera que ofrece tras asumir la Presidencia.

A la denuncia de Morales de que ha tenido lugar "el golpe más artero y nefasto de la historia", Áñez dijo que todo eso es "tan falso como falsas fueron las elecciones" del 20 de octubre de las que resultó ganador el expresidente, entre denuncias de fraude que desataron una oleada de violencia que dejó 8 muertos y unos 500 heridos.

Evo Morales llegó este martes a México, país que le ha abierto los brazos apelando a su histórica tradición de asilo.



Partidarios de Evo Morales se manifiestan en Bolivia. Foto: REUTERS

"Gracias a México y a sus autoridades. También quiero decirles, hermanos y hermanas, que mientras tenga la vida, seguimos en política. Mientras tenga la vida, sigue la lucha", dijo Morales nada más tocar tierra desde el aeropuerto de Ciudad de México, al que llegó a bordo de un avión militar mexicano.

Áñez llegó a La Paz desde la región amazónica de Beni como la única salida al vacío de poder dejado por la renuncia de Morales el domingo, que sumió al país en el caos hasta el punto de que tuvo que salir el ejército a la calle en apoyo de una Policía desbordada.

Esta abogada de 52 años activó el mecanismo sucesorio que dejó roto el oficialismo, puesto que con Morales habían renunciado todos los que constitucionalmente podían sucederle.

De ser segunda vicepresidenta del Senado pasó a presidir la cámara y así acceder a la vía sucesoria. La Constitución que Evo Morales promulgó en 2009 establece que el presidente del Senado es el segundo en la línea de sucesión, tras el vicepresidente del país.



Los militares bolivianos recorren las calles de La Paz. REUTERS

La parlamentaria, que lleva en política desde 2010, pertenece a Unión Demócrata, un partido con solo nueve de los 36 senadores, pero en pocos minutos se presentó en la Asamblea, que aglutina a Senado y Congreso, y sin apenas capacidad de reacción se hizo de forma interina con la jefatura de Estado.

Bolivia volvía a tener una presidenta por primera vez en casi cuarenta años, avalada rápidamente por el Tribunal Constitucional del país frente la voces del oficialismo denunciando una autoproclamación ilegítima, la primera la de Evo Morales desde su exilio en México.

El Constitucional emitió un comunicado explicando que aunque Áñez no tuviera el quórum necesario en el Parlamento, está respaldada por una interpretación del texto constitucional para casos de vacío de poder.

Desde otro balcón, el de Twitter, el que fuera el presidente con más tiempo en el poder en la historia de Bolivia clamaba desde México que su país "sufre un asalto al poder".



Morales tuvo que dejar el poder tras catorce años de mandato entre denuncias de la oposición de que no respetaba su propia Constitución.

El texto limita a dos los mandatos consecutivos, pero iba por el cuarto, hasta que se demostraron graves irregularidades en las recientes elecciones de las que había salido ganador, lo que desembocó en su renuncia entre una ola de protestas en el país.

La llegada al poder de la segunda mujer en la historia de Bolivia, tras Lidia Gueiler entre 1979 a 1980, "se consuma sobre la sangre de hermanos asesinados por fuerzas policiales y militares usadas para el golpe", fue el epitafio del asilado Morales.
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