30 de junio de 2020
30.06.2020
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OPINIÓN. UN GOL AL ARCO IRIS

El escudo

¿Se atreverán los intolerantes a exigir que el Hércules cambie su insignia por llevar la cabeza de un negro coronada con laurel?

30.06.2020 | 14:00
Bandera del Hércules en el estadio José Rico Pérez

Con sana envidia, si es que existe este tipo de pesar por el bien ajeno, hemos asistido al sorteo de promoción de ascenso a Segunda División. Viejos conocidos como el Castellón, Cartagena, Logroñés o Baleares estaban en el bombo por su condición de líderes de una liga inconclusa.

Dos obtendrán el premio de subir directamente tras el primer enfrentamiento, los otros lucharán por otras dos plazas por el camino largo, intentando dejar la maldita Segunda B. Mientras, el Hércules sigue sin generar noticias.

Aunque todo tiene su lado bueno, pues como venían últimamente, mejor que el silencio reine en los despachos de Zarandieta. La única que esperamos es la confirmación del elegido para la dirección deportiva, y su proyecto para la temporada 20/21.

En esta tesitura, tenía previsto seguir por la senda empezada con Femenía con Alicantinos por el mundo. Había elegido a un alicantino que anda por Kuwait, tras entrenar en China. Juan Ignacio Martínez, alias JIM, posee una excelente trayectoria como entrenador.

Desde equipos en categorías modestas hasta su consagración en el Levante al que llevó a Europa. Pero todo este embrollo de los talibanes contrarios a algunos usos y costumbres de años o siglos pasados, sacándolos de quicio y de contexto, cuando no falseando biografías, que ha llevado al colmo del surrealismo de eliminar de parrillas televisivas a "Lo que el viento se llevó" o ultrajar estatuas desde la de Fray Junípero Serra, pasando por la de Colón o Cervantes hasta la del mismísimo Churchill, tiene un lado oscuro en el que para estos populistas exacerbados, con la excusa de un vil asesinato de un ciudadano negro en EE UU, todo vale y todos estamos expuestos a su alienado totalitarismo.

No se libra nadie, invaden nuestras vidas, nuestra historia, nuestra cultura como elefantes en cacharrería, aplastando todo.

Silueta del escudo del Hércules en el estadio Rico Pérez. CRISTINA DE MIDDEL


Y en estas, tras leer detenidamente el artículo de Enrique Moscat en Información, "Blanco, azul y negro", pensé con temor en el escudo del Hércules. ¿Se atreverán los intolerantes, los intransigentes que miran y analizan todo bajo su lupa fuera de contexto y rigor, a pedir/exigir también que el Hércules cambie su escudo por llevar en él la cabeza de un negro coronada con una rama de laurel?

Entendiendo, ellos, que se trata de un menosprecio o burla hacia la raza negra, ya que el mitológico Hércules no era de esa raza. La efigie que diseñara a principios del pasado siglo Casimiro de la Viña, algunos opinan, como Fernando Gil Sánchez, pretendía reflejar el busto, en homenaje subliminal, del popular y famoso "Negre Lloma", con calle en nuestra ciudad.

Otros apuntan a que el color negro del busto se debe a reflejar fielmente los dibujos que adornan las ánforas para resaltar sobre fondo de barro.

El mismo Gil, junto a otros autores, y la revista de principios de siglo el "Tío Cuc", a la que los revisionistas pudieran también exigir su salida del callejero alicantino, atribuían al citado personaje una vida un tanto pícara, de tunante y bribón que se las arreglaba para subsistir sin dar golpe, de ahí la frase que quedó para la historia de "es mes gos que el Negre Lloma".

Lo que añadido a lo anterior sin duda aumentará las ínfulas de quienes persiguen sin descanso todo aquello que desde su populismo intransigente choque con los hábitos que desde su supuesta superioridad moral tratan de imponernos.

No verán más que insultos racistas a un vagabundo de raza negra que no tuvo más remedio que subsistir en nuestra ciudad tras quedarse sin empleo en el barco en el que arribó a Alicante.

Una vida triste como tantas otras en ciudades portuarias del primer tercio del siglo XX. Por si acaso no estaría de más organizar algo así como "Salvemos nuestro escudo" antes de que la operación de acoso y derribo comience sin darnos cuenta. Esto no es dar pistas a los fanáticos, es simplemente aplicar la máxima de la prudencia: más vale prevenir que curar.

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