27 de enero de 2020
27.01.2020
¿CUARTO PODER?

Ortiz también quema el fusible de Ramírez

Un mes y medio después de la dimisión de Portillo, el empresario vasco abandona la gestión del Hércules en medio de una crispación social y agonía deportiva que cercan al dueño en la sombra del club

27.01.2020 | 14:10
Ortiz y Ramírez en el estadio El Toralín de Ponferrada.

La descomposición en el Hércules es absoluta y avanza imparable: en lo deportivo y lo institucional. En el campo, el equipo ha sumado cinco de los últimos 20 puntos y el tufo a Tercera División es insoportable. Y en los despachos, el responsable de este desastre futbolístico invernal, el expresidente y accionista Juan Carlos Ramírez, ha decidido apartarse ante el creciente rechazo del herculanismo a la gestión del peor Hércules en casi un siglo de historia.

Sólo un mes y medio después de la dimisión del exdirector deportivo Javier Portillo, a la sazón yerno del dueño en la sombra de la entidad Enrique Ortiz, el empresario que controla el club desde hace 20 años ha sacrificado el segundo escudo de protección que le prestaba su socio inversor Ramírez. Se queda sin cortafuegos Ortiz, cada vez más cercado por la contestación social tras dos décadas de fracasos y desprestigio de un club que es símbolo de la ciudad de Alicante, por mucho que el alcalde Barcala haga mutis por el foro y se ponga de perfil ante esta agonía sin fin.

Ramírez se va, pero se queda. Porque su legado permanece en este Hércules a la deriva, en el que ha pilotado una revolución en el mercado de invierno que ha debilitado claramente al ya de por sí endeble equipo pergeñado por Portillo el pasado verano. Con Vicente Mir en el banquillo y Francisco Escudero, Paquito, y Francisco Martínez al frente de las operaciones en la nueva comisión deportiva, el club ha abierto la puerta de mala manera a jugadores de peso como Carlos Martínez, Fran Miranda y Borja para traer a futbolistas fuera de forma y sin ritmo de competición. Es absurdo malbaratar una plantilla con el argumento del ahorro de costes cuando lo que está en juego es el descenso a los infiernos de Tercera.

Portillo tenía un plan que no funcionó -aunque nadie cuestionó en su momento los fichajes de Yeray, Borja o Alejandro Alfaro-, pero los nuevos criterios de Ramírez para demoler el proyecto anterior no tienen un pase: salvo en defensa con Raúl Ruiz y Perone, el equipo ha empeorado en las demás líneas, como lo demuestran el juego, las lesiones y los resultados de un Hércules hundido que parece incapaz de ganar a nadie.

Con las visitas consecutivas al líder Sabadell y al colista Orihuela en el horizonte inmediato, también cabe preguntarse por el papel de los futbolistas en este despropósito. Sólo el portero Falcón está a la altura del escudo y nadie más ejerce liderazgo alguno en un equipo a la deriva y desquiciado por acciones como la expulsión de Pablo Íñiguez en el primer minuto del partido del domingo ante el Atlético Levante, en el que Mir volvió a dar otro recital de desconcierto táctico de principio a fin.

Admite el técnico valenciano -cuarto de la temporada si contamos el encuentro que dirigió José Vegar- que sus números son de descenso, por lo que es razonable pensar que su continuidad está en el aire esta misma semana con la visita el domingo a la Nova Creu Alta. Ante este escenario endiablado, y tras la retirada de Ramírez, ¿qué piensa hacer ahora Ortiz para evitar el naufragio mientras encuentra un nuevo socio? ¿Repescar a Portillo? ¿Recurrir de nuevo a Quique Hernández a la búsqueda de otro milagro?

Todo es posible en este Hércules destrozado camino del centenario, en el que muchos aficionados ya ven el descenso a Tercera como una posibilidad de catarsis y refundación. Al menos, queda el consuelo de que el herculanismo se hace oír y de que su indignación no cae en saco roto porque le ha obligado a Ortiz a quemar los fusibles de Ramírez y Portillo tras meses de silencio, inmovilismo y sinrazón. Un consuelo que también es esperanza: si la afición se mueve y protesta, el Hércules puede sobrevivir.

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